Qué alegría era ingresar al videoclub y encontrar que ese estreno que estabas esperando tenía la tarjetita de “disponible”. Durante por lo menos dos décadas los videoclubes fueron parte del paisaje urbano de cualquier ciudad del país. Eran terceros lugares (permiso, Jimes) en los barrios, verdaderos puntos de encuentro. El programa Decalegrón tenía un sketch que transcurría en un videoclub, lo que da la pauta de lo instalado que estaba en nuestra vida cotidiana. Estos comercios formaron parte de la educación sexual un poco deformada de varias generaciones, con sus biblioratos oscuros o piezas con cortinita, donde la reina era la Cicciolina. En el universo videoclub, un personaje muy importante era quien estaba detrás del mostrador: una persona que, si hacía bien su tarea, conocía tus gustos y te decía la irresistible frase “tengo una película que es para vos”. El propio Quentin Tarantino se desempeñó en esa noble tarea y parte de su educación no formal fue gracias a ese ...
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps