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2:42

2:42 de la mañana. Los números verdes brillantes en la pantalla LED de su reloj digital lo enfrentan otra vez. 2:42 y un cuerpo agotado vuelve a negarse el sueño. Otra madrugada donde su mente lo traiciona y lo deja en estado de alerta, esperando algo que no sabe qué es, pero reconoce como dañino. La mirada clavada en el techo mientras una tos recurrente, de esa gripe mal curada, lo termina de malhumorar. Trata de convencerse de que quizás esta vez pueda ser diferente. Trata de convencerse de que respirar con control, como aprendió en los reels de Instagram, cerrar los ojos y concentrar el pensamiento en la nada van a ayudarlo a derrotar al insomnio. Se equivoca.  La tos se hace más potente, más incontrolable. Le nace desde adentro, violenta, no pide permiso y le sacude toda la caja torácica. Aprieta la boca, busca ahogarla contra la almohada para no hacer ruido ni romper el silencio de la casa, pero es inútil: la garganta le quema como si tuviera lija y el aire entra a cuentagotas...

Porque tus sueños te darán lo que la vida no te da

Otro día les cuento

Que no sea nada

Habría ganado Nacional

¡Qué gaseoso!

She Said: el camino en busca de la verdad

Un poco de amor francés

Un beso y una flor

Amor letal