La imagen que me reconectó con el Alma de la Celeste, en la previa al Mundial 2026. Son las 15:00 del 26 de junio de 2026. Estoy certificado en casa, por creerme más fuerte y reintegrarme antes de tiempo la gripe devino en algo que parece ser neumonia (no sé cuándo le robaron ese tilde en la i, de chico me hablaban de "neumonía"... ¡¡¡Renunciá, Negro!!!). En unas horas, la Celeste se juega el pellejo contra España. Estamos en la cornisa, con un pie en el vacío y el otro resbalando en el barro de un Mundial que, hasta ahora, ha sido una bofetada de realidad para los que nos ilusionamos con la épica. Sigo intentando procesar por qué me duele tanto un resultado deportivo, el domingo pasado fue una debacle psico-bio-neuro-emocional. Mientras tanto paso el trapo de piso con una furia de lavandina que dejaría el Palacio Legislativo convertido en un un quirófano. Es mi insuficiencia crónica : esa necesidad de controlar el mundo exterior con un desinfectante y un cronómetro cuando ...
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