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| Selección uruguaya de 1999. Si acierta la mitad de sus componentes, se gana un "meet and greet" con el autor de esta columna. |
Antes que nada, y nobleza obliga, domó Infantino. Y domó Trump. Lo único que no me gusta y en esto hay un consenso unánime es la "Pausa de Hidratación". Pero luego, una "masterclass" del pelado. Porque capaz que no te sabe explicar la "ley del orsai" o tiene dos pies derechos y no puede parar una pelota, pero sabe los kilos de negocios, sabe montar un show y que la gente se prenda, sabe que poniendo "influencers" para que se hagan putear genera interacciones. Y en el medio te enchufan una publicidad de una empresa que pagó mucho para entrar en esos hilos de puteadas sólo para estar presente. Porque me van a decir que, en el medio de la lapidación a la que someten a una chica uruguaya, con nombre de estado septentrional de Estados Unidos, muy conocida ella (por los jóvenes, yo lo que conozco de ella es que la viven destratando) no te va a aparecer un "reclamen" de la famosa bebida cola. Y ni hablar de las interacciones en Twitter entre usuarios de diferentes países, compitiendo por quien infringe el peor chiste racista y xenófobo contra el otro. La fiesta del Mundial, que le dicen. Y ojo, está perfecto, porque en el medio nos olvidamos de cosas como que el gobierno quiere meter tanquetas militares en los barrios con mayor criminalidad. Yo estoy de acuerdo, por fin van a patrullar Camino de los Horneros.
Me puse a ver los partidos del Mundial, del que tanto había sostenido yo que no me interesaba. Los vi hasta el segundo partido de Uruguay, para luego someterme a un ayuno de partidos que me duró dos días. Quizás el hecho de haber terminado de ver "Friends" por enésima vez, contribuyó, "coadyuvó" como dice el señor Julio Ríos.
Este ayuno estuvo originado por la calentura que me provocó el segundo gol que le regalamos al combinado de Cabo Verde. No importa ya de quién fue la culpa (ya sabemos que de Muslera). La manera tan pajera estúpida en que se entregó un partido en el que solo alcanzaba con manejar la pelotita un rato, para que los rivales se abrieran en su desesperación por el empate, y hacer así el juego que más nos gusta, el que tenemos en los genes por más Bielsa que haya venido a dirigir. Pero no, el amateurismo (que también está en los genes) se manifestó y nos expuso a una temprana eliminación del certamen.
Entonces, vengo a proponer un sueño: que sigamos por la senda del empate los seis partidos que nos restan hasta alcanzar la gloria. Empezando hoy, viernes 26 de junio, contra España. Una especie de reedición del "Púa Copa América ´99 experience". Para dar contexto, o "lore" como dice la juventud hoy, que tiene que recurrir a anglicismos porque parece que en el idioma español no hay suficientes palabras para expresar las ideas.
Decía entonces que en 1999 se jugó la Copa América en Paraguay. Otros tiempos, otros corruptos que tenían cierto "fleur" para amañar los partidos sin ser tan evidentes como fueron con los penales que le regalaron a Argentina en 2022. No había redes sociales, la gente realmente se sentaba a mirar el partido con interés genuino, sin la distracción de tener un celular al lado y agarrarlo todo el tiempo para tuitear cosas graciosas buscando la aprobación de los demás. (No es mi caso) (Bueno, un poco sí) (Ya me dijo mi terapeuta que no abusara de los paréntesis) (Y ya que estamos, ¿por qué mejor no hablamos de la insistencia de mi tío a llevarme a jugar solos al galpón del fondo, que para eso vine y te pago?) (Bueno. Fin).
La selección uruguaya había acordado la llegada de Daniel Passarella como director técnico para la eliminatoria hacia el Mundial de 2002. Pero como don Daniel no quiso quemarse, la AUF mandó a Víctor Aroldo Púa como DT de una selección que no tenía los mejores exponentes, cosa que no era raro que pasara con otras selecciones porque la Copa en ese entonces se jugaba cada dos años y rotaba la sede, no como ahora que se hace cada 4 años y se juega siempre en Estados Unidos.
Pero sí la selección se reforzó con algunos juveniles que venían de ser vicecampeones sub 20 en Malasia 1997 y cuartos en el sub 20 de 1999. Esa selección apenas pudo clasificar a cuartos de final, y le tocaba jugar con el local en esa instancia. Paraguay en aquella época era una gran selección, contra la cual teníamos pocas chances de ganar. El partido terminó en empate, a pesar de los intentos guaraníes por llevarse el partido. En los penales Uruguay tuvo mejor puntería y salió victorioso. En semifinales pasó lo mismo contra Chile, otra selección que estaba en un gran momento. Partido empatado y definición por penales donde Uruguay resulta nuevamente ganador. En la final enfrentamos al Brasil del gordo Ronaldo y otros grandes "craquis" y ahí sí nos pasaron por arriba. Con un 3 a 0 mentiroso el "scratch" se llevó la Copa. Fin del contexto.
Es que el empate está también en los genes. Recordémosle a los españoles que en la batalla de Las Piedras, Artigas pronunció la famosa frase "clemencia para los vencidos", claramente porque no quería el Prócer el resentimiento del cuadro perdedor de ese día. Y así nacimos. Queríamos ser Argentina, como decía Cristina Fernández de Kirchner. En el tole tole de 1825 nos peleamos con Brasil. Pero ni uno ni otro pudo imponerse. Tuvo que venir Lord Ponsomby de abajo de las polleras de la amante del Rey inglés para arreglar con un empate este entuerto. El Uruguay es un empate.
Con ese mismo espíritu se terminó la Guerra Grande: a pesar de la participación de Francia, Inglaterra, Brasil, Argentina, Garibaldi y Dart Vader, el conflicto se zanjó con un salomónico "ni vencidos ni vencedores". En suma, otro empate.
También, a pesar de la caída de su principal figura, fue empate entre Batlle y Ordóñez y los blancos que se levantaron en 1904. No importó la abrumadora superioridad del elenco colorado por sobre el combinado nacionalista capitaneado por Aparicio Saravia, tanto logística como material y técnica. El resultado del partido terminó con la aceptación de representación de los blancos en el gobierno nacional. Empate.
Podría extenderme citando varios ejemplos de empates. Solo voy a agregar el que resultó de la conflagración entre militares y tupamaros. A pesar de los apremios al que sometieron los represores contra los integrantes del Movimiento de Liberación Nacional en su momento, del Proceso salieron muy amigos y hasta hoy comparten el gobierno. Esa amistad no se sostendría si hubiera ganado uno u otro, solo un empate puede posibilitar ese amor en el relacionamiento, originada en una suerte de retorcida camaradería de quienes alguna vez fueron antagonistas en el "campo de batalla".
Entonces, ya que estamos, propongámonos salir al empate todo el tiempo. Limitar al rival, no podemos tirar 15 años de proceso tabarecista por la borda como si nada. Que no nos superen más que en el juego y que no trasladen esa superioridad al marcador. Si no nos da para más. Hasta las elecciones nacionales son casi empates técnicos. Es nuestra marca en el orillo, nuestra identidad, mucho más que el mate, el asado, el dulce de leche y Gardel, que todos sabemos que son argentinos.
Cuando usted, usteda, ustede, se apreste a leer esta columna, faltará una hora para el partido donde se defina la suerte de la selección uruguaya. Yo en particular voy a ver tranquilo el partido, porque el empate clasifica a Uruguay a la siguiente fase. Como quería el Negro Jefe, en aquella tarde de Río de Janeiro, luego del gol de Brasil anotado por Friaça, cuando se puso la pelota bajo el brazo para enfriar el entusiasmo brasileño y poder salir a buscar el empate. Que se hubiera consumado si Barboza no hubiera esperado el centro.
El empate, entendámoslo de una vez, va a ser nuestra estrategia para alcanzar la final del campeonato y la gloria. Está bien, hay que tener suerte para sostener una tanda de penales atrás de otra, pero tenemos a Muslerita. ¿Qué puede "malir sal"?
Hasta la próxima.

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