Los Hermanos sean Unidos...

En la foto, los niños, dando el ejemplo a los mayores. Nunca más violencia en el deporte. Que esta entrada sea sólo una sátira. 

NOTA 1: Esta es una edición de emergencia, ante la estulticia del autor, habiendo borrado un texto de sesudas reflexiones filosóficas. Sirva de excusa para cruzar la vereda de la serie "Salada la canchita".

NOTA 2: Si leer estas líneas motiva su intervención con comentarios, ¡oh, querido lector!... Le pido disculpas, porque aún no he solucionado problemas de configuración en Blogger, por lo que no puedo responder la retroalimentación que gratuita y graciosamente me entrega. Gracias por seguir dando vida a TPLMP Blog.

DE NADA

Se aproximaba la medianoche en Londres, capital del ya desahuciado y otrora majestuoso imperio británico. Por el casco antiguo de la ciudad se respiraba una atmósfera pesada, tensa. La tenue bruma se había ya transformado en densa niebla, mezclándose las húmedas gotitas con el fétido vómito del smog citadino. Washington Gervasio Gómez, uruguayo, soltero de 23 años, intentaba casi infructuosamente atravesar esa pesada cortina atmosférica para llegar a Tottenham, barrio del municipio londinense de Haringey, donde Rodrigo  Bentancur, mediocentro, también uruguayo, pero más centrado que Washington, lo esperaba ansioso para juntos perpetuar una tradición ancestral rioplatense, bebiendo una extraña infusión de la hoja de Ilex paraguariensis (yerba mate), planta de propiedades todavía no completamente conocidas, supuestamente estimulante y diurético leve, entre otras.

De pronto, Washington perdió el equilibrio en su andar, y cayó vertiginosa y aparatosamente, golpeándose contra el suelo, sin razón alguna. Asustadizo, y sorprendido aún por el suceso, revisó visualmente el entorno geográfico, sin encontrar pistas que tranquilizaran su aturdida red nerviosa.

Más aún se le encresparon los vellos epidérmicos cuando una figura oscura, recortada de entre la espesa niebla por los afilados rayos de luz de un foco lejano e intermitente, se le acercó en actitud sospechosa, inclinándose hacia él en forma rápida, y empuñando un objeto puntiagudo. Pudo tranquilizarse al advertir que era un gentleman inglés, que pretendía ayudarlo a recuperar la erguida posición que había perdido, en esa rápida regresión evolutiva causada por el resbalón.

A continuación, Washington le agradeció, y su foránea alocución resonó en los arcos de las antiguas casas: “TZENKIU”, a lo que el gentleman retrucó en inglés, con una gélida sonrisa complaciente: “YOU´RE WELCOME”.

El martillo, el yunque y el estribo del aparato auditivo de Washington se excitaron con el vibrar de los fonemas emitidos por el flemático personaje: “¡¡¡WELCOME, WELCOME, YOU´RE WELCOME!!!”.

Su cerebro, como poseído por una morbosa y cruenta hipnosis telepática, desconectó el interruptor de la razón, y Washington, arrancando los asientos plásticos de la parada de autobús próxima a la escena, agredió a golpes al infortunado británico, partiéndole el cráneo en tres lugares: el occipital, el parietal y el frontal, del lado izquierdo de la cabeza, lo que al caer ahogó a la presa en su propia sangre, contraviniendo su función de líquido “vital”.

Los testigos afirmaron que el endemoniado forastero, previo a su huida, hundió sus manos en el fluido rojo, aún tibio, dibujando luego, sobre su camiseta verde de marca brasilera, con isotipo de peces cruzados en "X" y seguramente obtenida de contrabando, unas líneas verticales anchas logrando así un diseño alternado vertical rojiverde.

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