El día después sin "felices para siempre"

 

Belén se despertó con el aroma a cocoa con leche que venía de la cocina, casi sin entender dónde estaba, casi sin poder discernir si todo lo había soñado o era la vida misma.

Se acercó descalza, vio a Laura revolviendo una olla grande y se quedó observándola. Laura sintió su presencia pero no se atrevió a mirarla. Seguramente estaba tratando de evitar la pregunta, esa pregunta que no se hizo esperar: ¿Dónde están todos, que pasó con mamá? 

Respiró hondo, como tomando coraje, le pidió a la niña que se sentara y empezó a contarle lo sucedido. 10 años tenía Belén, no lograba asimilar, se le ocurrían muchas preguntas, no sabía con claridad lo que significaba "morir", entre tanta confusión le pregunta dónde puede ver a su madre. Laura le cuenta que todos estaban en la sala velatoria y trata de convencerla de quedarse en la casa a esperar, era preferible que los niños se quedaran con el mejor  recuerdo de su madre.  Por supuesto que esto no sería algo que Belén aceptara, tenía que verlo con sus propios ojos, ella quería entender, necesitaba procesar, sobre todo necesitaba comprobar.

Se vistió, se calzó, peinó su pelo rubio frente al espejo, lo sostuvo con una tiara, se miró a los ojos pasando la mano por su vestido a lunares, revisó que todo estuviera en orden y salió. Vivían en un pueblo chico, no había demasiados lugares adonde ir.

Caminó un par de cuadras y no demoró en  identificar el lugar, gente aglomerada un domingo por la mañana en un puerta, tenía que ser ahí. A medida que se acercaba, su corazón latía un poco mas fuerte, las personas le abrían paso murmurando y rezando, se enfrentó a una puerta color gris, muy alta desde su perspectiva, de madera hasta la mitad y de vidrio hasta arriba. Al traspasarla se encontró en una habitación grande llena de flores y velas, habían sillas rodeando un cajón de madera marrón y largo apoyado sobre dos pedestales que le daban altura. No lograba ver hacia dentro, hacía mucho calor. El olor del lugar era asfixiante, sus hermanos estaban allí, se les notaba cansados, demacrados, desconsolados. 

Hizo un recorrido visual y se encontró con la mirada de su tía a la que se aferró en un abrazo desesperado. "No debías estar acá"-le dijo la tía. Su abuela la miró con pena y le pidió a uno de los hermanos que la llevara de vuelta a la casa. La pequeña se negó y siguió acercándose, no se iría de allí sin comprobar lo que estaba pasando. 

Se le acercó una de esas tías viejas que nadie recuerda,  la levantó para que pudiera ver dentro de ese recinto de madera. Lo que vio le provocó una mezcla de calor y frío, sintió angustia y el corazón que se le salia del pecho. Miró fijamente ese rostro pero no vio a su madre en él, tan pálido y coloreado, tapado hasta abajo del mentón como escondiendo algo. Era como una muñeca, hermosa pero sin vida, fue muy extraño.

 La señora le dijo: "despedite, dale un beso". Belén no quería hacer eso, pero sintió la obligación. La acercaron tanto que rozó sus labios con esa piel fría y tensa, no le gusto lo que sintió, esa no era su madre, ese no era su olor, esa no era su piel.

Salió por fin de ese lugar y se sentó en el cordón de la vereda, rechazando todo intento de consuelo, rechazando todo contacto humano. No fue capaz de llorar, tuvo la necesidad de esperar, quizás aparecería un hada madrina como en las películas de la tele, a lo mejor algo pasaba y la princesa se despertaba mágicamente, tal vez llegaría alguien que la rescatara y le dijera "no te preocupes, todo estará bien".   

Belén solo cerró los ojos esperando el final del cuento, el baile en el palacio... el "felices para siempre"...

Comentarios

  1. Fa... :(
    Me voy a poner un recordatorio, leer la columna de Pitu con la empatía apagada. :)
    Gracias por compartir.
    Por supuesto agendo lectura para la semana que viene, esperando cuando dejan de estar las verdes y arrancan las maduras (la esperanza no se pierde nunca!!)

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    1. Muchas gracias por comentar, aunque no crean los comentarios ayudan a saber si vamos logrando el objetivo. Gracias por agendar (entre nos, tenes unos cuantos martes por delante) :)

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  2. Impactante historia. Nada me dio ni me dará más terror que cuando besé la frente del cadáver de mi padre.

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  3. Faga, hay momentos en la vida que marcan. Por suerte creo que las practicas velatorias han cambiado un poco. :)

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  4. Sí, están cambiando bastante. Y a veces nos olvidamos que uno puede ser más sensible y vulnerable a los 15 que de más chico.

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  5. Personalmente siento mucho respeto por la muerte, además de haber heredado vivencias relacionadas con la misma, esas cosas raras q solo algunas familias entienden por vivirlo diferente de los demás.

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    1. Gracias por comentar, se valora la calificación. :)

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  6. Tenés una gran habilidad para describir sensaciones, uno lo lee y es casi como que lo viviera. Te felicito. Muy triste la historia, por cierto

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    1. Gracias por el comentario, de transmitir se trata un poco esto, me alegra lograr el objetivo. :)

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