Decisiones

Estuve pensando en eso que te dije la semana pasada, de cuál fue la decisión que me llevó a estar acá, en esta suerte de secta que me da para adelante en todas las pavadas que se me ocurren. 

Estoy convencida que nuestra historia está marcada por las personas que nos rodean y a pesar de que en los últimos años me empeciné en que cuantos más sean mejor, de adolescente fui una chiquilina con pocos amigos. Nunca por decisión propia. No voy a ahondar en los años de bullying o el porqué creo yo que lo sufrí, eso será para otro día. Lo que sí me interesaba contarte es cómo era la Marian de hace unos años, tan distinta a la de hoy.

A pesar de crecer en un barrio estigmatizado por la pobreza, tuve una niñez bastante privilegiada. Vivía con mis padres, abuelos maternos y mis dos hermanos mayores. En la mañana iba a la escuela y en la tarde jugaba en la calle con mis vecinos. Nuestras principales actividades eran jugar a “las casas de familia” en lo de Natalie. Sus padres vendían leña y con ella inventábamos electrodomésticos, muebles y paredes. Otra era jugar en mi jardín a “el taxista”, armábamos un recorrido, con curvas, obstáculos y parada de taxi, algunos íbamos en bici y otros eran los pasajeros. Nos divertíamos muy barato. 

Pero había una actividad que adoraba, ayudar a mi abuelo a hacer mezcla. Mi abuelo era albañil jubilado y en sus últimos años de actividad, construyó 2 apartamentos en el fondo de nuestro terreno. Yo lo ayudaba, si se puede decir ayudar, llevando carretillas vacías, baldes con agua, ladrillos o cualquier cosa que mis brazos de 10 años soportaran. Supongo que fue por eso que mi familia asumió que yo iba a ser Arquitecta y así como ellos lo asumieron, yo lo acepté y fortalecí con mi preferencia por las ciencias exactas.

Fue así que durante los años de secundaria nunca dudé que iba a hacer 5° Científico y 6° Arquitectura, eso estaba seguro. Aunque el liceo privado al que iba no contaba con esa diversificación, lo abrieron porque éramos 10 los interesados y era el mínimo suficiente como para que les fuera rentable. 

Ese año fue bastante atípico, pasé de tener 35 compañeros de clase, a 9. De pasar las horas libres “haciendo novia”, a pasarlas comiendo galletitas caseras, tomando café con mis compañeros, adelantando trabajos grupales y haciéndonos más amigos. Pero más atípico fue el siguiente año, que entré a la facultad. La transición entre la institución privada y la pública, de ser Mari a ser solo una más entre los cientos que ingresaron ese año. A todo esto, al mes de empezar las clases, decidí cortar con el novio que tenía. A pesar de ser doloroso en su momento, hasta hoy lo recuerdo con mucho orgullo. 

Fue la primera vez que decidí algo por y para mi. Yo lo quería y él a mi. Él era el mismo que cuando teníamos 16, pero yo ya era otra. Entrar a la facultad, rodearme de gente nueva (de mucha gente nueva) con distintas ideas, gustos, consumos, me hizo notar que había vivido en una burbuja rosada los últimos 18 años. Burbuja que me había permitido muchísimas cosas, pero de la que ya era momento de salir.

En pocos días me di cuenta que toda mi vida iba a cambiar, que entrar a la facultad, a esa facultad, era un punto de inflexión y que mi novio no iba a acompañarme en esos cambios, así que, uno de los dos la iba a pasar muy mal si seguíamos juntos. Él era muy celoso. Por lo que el 25 de marzo del 2006, el día de mi cumpleaños 18, decidí terminar con esa relación. Debo decir que el ramo de rosas rojas que me regaló ese día, aceleró el proceso.

Recuerdo la decepción de mi hermano mayor, no entendiendo el porqué de la separación, preguntándome si me había hecho algo malo, si nos habíamos peleado, si tenía otra. Nadie entendía muy bien porqué lo dejaba, si él era tan bueno y me quería tanto. Mi explicación en ese momento era más confusa aún: “Porque lo quiero mucho”. 

Decidir sobre lo que quería ser o hacer, nunca había sido una opción en mi vida, no porque me lo hayan negado, sino porque era tan inocente que no sabía siquiera que tenía ese poder. Entrar a la facultad me mostró el abanico de oportunidades que tenía, no solo como profesional universitaria, sino que también como individuo. 

Los años siguientes fueron un torbellino de muchas decisiones, algunos errores y abundantes experiencias, de las cuales te compartiré algunas la semana que viene.

Comentarios

  1. Me interesa mucho la nueva etapa universitaria en este multiverso Marian

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  2. Hermosa manera de contar una atrapante historia de vida.

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  3. Gracias por compartir Marian.
    Si los relatos son cronológicos, se vienen las pomadas!!!

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  4. Impresionante. Esa época de transición siempre genera unos sacudones, mientras leía los tuyos recordaba los míos. ¡Abrazo enorme!

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  5. Salvando las distancias, ya avanzado en la carrera, tuve que decir "basta" a los viernes de trasnoche jugando al "FIFA Soccer". Los integrantes de la barra eran más que amigos, hermanos. Pero esa dinámica había dejado ya de ser liberadora. También me costó. Tú columna de hoy me hizo acordar a esa "decisión".

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  6. Me encanto, que momentos cuando hay que tomar esas decisiones!!

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  7. Me gusta mucho cómo contás, de forma coloquial y no por eso menos profunda. Pequeñas escenas que, además, nos acercan a tu/nuestra adolescencia y juventud. Gracias!

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  8. Me imagino que el momento de sacár la curita y tomar la decisión no habrá estado exento de una gran carga emocional para vos. Ni que hablar del "difunto". De todas formas no pude evitar soltar una carcajada con lo que facilitó el trámite ese ramo de rosas rojas.

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  9. Me gustan mucho tus notas. Son muy sinceras. Esa frase "lo dejo porque lo quiero mucho" me parece que te define. Un abrazo

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