En muchas oportunidades, tras ver una película, esta se queda en nuestra mente revoloteando como una mosca de la que no podemos deshacernos. El tiempo que transcurre hace que crezca o no en nuestra consideración. Pueden pasar varias cosas; por ejemplo, cuando pasamos a escribir sobre ella, las ideas fluyen como el agua. El blanco de la página comienza a llenarse con una facilidad tremenda. Aunque también puede pasar lo contrario, cuando las cosas que hay para escribir no son tan favorables. Ir al cine es una experiencia que disfruto mucho; al salir de la sala, salgo renovado, tal cual si fuera otra persona respecto de la que entró. Pocas veces me ha pasado de salir de allí con una sensación de extrañeza respecto de lo que vi y que, tras esto, al sentarme frente a la computadora, esta me responde con un blanco que se torna difícil de llenar. El tiempo posterior hace que las ideas se vayan ordenando y, poco a poco, las palabras comienzan lentamente a surgir. Este sería el resumen de lo que me sucedió hace un par de días al salir de Cinemateca tras ver “Digger”, la nueva película de Alejandro González Iñárritu.
En una rápida ojeada por las redes, ese lugar en el que se dictan en todo momento veredictos que son muchas veces extremos, en los que una película puede ser tanto la mejor como la peor creación del hombre, sin término medio. Sin dudas, al navegar por sus aguas tormentosas, vemos que estamos en presencia de una película divisiva sobre la que se encuentran opiniones a favor y en contra. Estas pululan por doquier. La existencia de estas posiciones tan marcadas sería algo interesante si se diera lugar a un debate que haga que el intercambio de ideas y su confrontación se desarrollara de forma productiva, cosa que lamentablemente es difícil de lograr.
Esta película es el reflejo de su director y el vínculo del
espectador con ella es también el reflejo de este con su creador. Hay muchos a
quienes les encanta la filmografía de Iñárritu y, como no puede ser de otra
manera, otros no comulgan con ella.
Ahora, vamos a lo importante: “Digger” tiene un
protagonista absoluto: Tom Cruise. Saliendo de su zona de confort de películas
de acción, interpreta a “Digger Rockwell”, dueño de una poderosa petrolera,
quien, sin escuchar las sucesivas advertencias recibidas, es el causante de un
desastre tal que lleva a un cambio radical para la humanidad. Esta es, en mayor
o menor medida, la información que nos brinda su tráiler. En este punto radica
un elemento fundamental de su análisis: la información. Lo ideal es ir a ver
esta película con la menor cantidad de información posible. De esta forma, hay
una serie de giros en la trama que tomarán por sorpresa al espectador y entrará
de lleno en lo que propone.
A lo largo de sus casi dos horas de duración, queda muy marcada la idea que el director quiere transmitir a través de esta historia. La sátira de nuestro mundo está a la orden del día. La primera media hora se siente como un homenaje a “Dr. Strangelove” de Kubrick. Cuando se nos presenta a “Digger” vemos en él la sátira a los poderosos, representados de forma muy patética, algo que, probablemente, no diste tanto de la realidad en muchos casos. Conocemos al personaje en su cuarto, despertando y con su gata extremadamente vieja, con su vida pendiendo de un hilo. Aquí vemos dos cosas: por un lado, la relación del personaje con la naturaleza, algo que se desarrollará a lo largo de toda la película de forma sutil, como esta es explotada y está muriendo. Por otro lado, es alguien que no acepta un no por respuesta, acostumbrado a hacer su voluntad prevalecer sin reparar en las advertencias de los demás. La interpretación de Cruise hace que en pocos minutos descifremos las características de su personaje y su vínculo con los demás. Justamente esto es lo que desencadenará el conflicto que da inicio a la trama. Con una crítica voraz al sistema y al capitalismo salvaje, vemos cómo “Digger” es el causante de una crisis que cambiará la historia de la humanidad y, a la vez, será el encargado de intentar solucionarla.
Cuando estamos metidos en la historia, esta da un giro que cambiará totalmente nuestra perspectiva respecto de ella. Hay, en cierto punto, un desdoblamiento narrativo que hace que se transforme en una metaficción y quede dividida en dos planos. Ambos son funcionales a la totalidad y a la idea del director.
Hay mucha crítica a lo largo de toda la película, no solo al capitalismo, sino a la sociedad en su totalidad. Se plasma el tema del manejo de la información para influir en las masas, distorsionando la realidad para que estas sean funcionales a lo que está ocurriendo. Pero no se critica solamente a los poderosos, sino también a todos los demás. En un monólogo de aproximadamente diez minutos, en el que el protagonista se presenta ante un organismo internacional, este hace parte del problema a todos. En este punto, Iñárritu habla a los espectadores. Los critica, los hace parte del problema. Aquí hay un punto en el que se puede entender el porqué de muchas opiniones contrarias a la película. El espejo en el que nos reflejamos como espectadores no devuelve nuestra mejor versión.
En este momento y a lo largo de todo su visionado, la estética de la película está muy bien cuidada en todos los detalles. Al ver la puesta en escena, esta parece un homenaje al estilo de Wes Anderson, por cómo se ven los personajes y su entorno. Desde el punto de vista de los personajes, es difícil encontrar uno con el cual empatizar. Sus diferentes representaciones hacen que esto sea muy difícil de lograr, pero es claramente buscado por el director.
Así, podemos concluir que, pese a que va a ser un fracaso desde el punto de vista de la taquilla, no podemos dejar de mencionar que ver esta película es toda una experiencia; esto es, en definitiva, lo más importante. Es muy interesante cuando, tras su visionado, vamos pensando en su planteamiento, cómo este va creciendo en nuestra mente y, fundamentalmente, en una época en la que los intercambios de ideas se tornan tan difíciles, encontrar una obra que nos invite a pensar y comentar con otros. Aquí está su mayor logro y su mejor invitación.
En
muchas oportunidades, tras ver una película, esta se queda en nuestra mente
revoloteando como una mosca de la que no podemos deshacernos. El tiempo que
transcurre hace que crezca o no en nuestra consideración. Pueden pasar varias
cosas; por ejemplo, cuando pasamos a escribir sobre ella, las ideas fluyen como
el agua. El blanco de la página comienza a llenarse con una facilidad tremenda.
Aunque también puede pasar lo contrario, cuando las cosas que hay para escribir
no son tan favorables. Ir al cine es una experiencia que disfruto mucho; al
salir de la sala, salgo renovado, tal cual si fuera otra persona respecto de la
que entró.
Pocas veces me ha pasado de salir de allí con una sensación
de extrañeza respecto de lo que vi y que, tras esto, al sentarme frente a la
computadora, esta me responde con un blanco que se torna difícil de llenar. El
tiempo posterior hace que las ideas se vayan ordenando y, poco a poco, las
palabras comienzan lentamente a surgir. Este sería el resumen de lo que me
sucedió hace un par de días al salir de Cinemateca tras ver “Digger”, la nueva
película de Alejandro González Iñárritu.
El resto de los personajes bailan a su ritmo, entrando y saliendo de escena para interactuar con el protagonista. En este punto, quien destaca es John Goodman, quien interpreta al “Presidente Compson”. Una sátira total respecto del presidente de Estados Unidos, regalando momentos muy graciosos. El resto está bien en su participación, aunque quedan reducidos ante la omnipresencia del protagonista.


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