Herencia

Papá y Los Elegidos de Andrew Kings

El Brillo de lo que Fuimos y el Peso del Apellido

En este rincón de TPLMP, refugiado entre acordes y memorias, voy a contar sobre una página en blanco que se llenó con la nobleza de un gesto.


Pensar que mi madre siempre dice que “la Familia no se elige, se soporta”. Pero ahora que estoy llegando a la media centena y vivo sobre la calle Centenario, estoy eligiendo pasar más tiempo con mi familia.


Compré el libro "Los Elegidos" con una intención clara: que mi viejo, Jesús, tuviera un puente para charlar con Nacho, mi hijo mayor, sobre la historia y los mejores jugadores de la historia de nuestro querido Nacional.


Mi viejo sigue peleando contra la ELA, la enfermedad que activó los eternos temores de mi viejo, al decir de mi hermano, de “tener un envejecimiento de mierda”, pero que no ha podido clausurar su memoria de hincha. Andrés Reyes, con esa lucidez que lo caracteriza, estampó una dedicatoria que me hizo llorar: "Que los Anchetas de hoy no borren los de ayer". Y esa frase es un tratado de filosofía en diez palabras que, curiosamente, resuena en mi memoria más allá de las canchas.


Para mí, ese apellido -aunque se escriba distinto- tiene un eco que me lleva a los cuatro o cinco años. Recuerdo el nombre del "Colegio Anchieta", esa institución jesuita en Porto Alegre a la que mi viejo viajaba periódicamente. Se me viene encima la imagen de aquel callejón sobre la Plaza Libertad, donde hoy está el Mercado de los Artesanos, y el ómnibus de TTL calentando motores para zarpar.


Me invade de nuevo esa tristeza profunda de cada partida, un nudo en la garganta de gurí que veía al padre irse hacia ese destino que sonaba a respeto y distancia.


El contraste hoy es casi una broma de mal gusto. Por un lado, tenemos la estampa de Atilio Ancheta, aquel zaguero recio, impasable, figura del Nacional campeón del mundo del 71; un tipo que en el área mandaba él y después, si quedaba tiempo, el resto. Por otro lado, nos toca lidiar con el presente de Emiliano Ancheta, que intenta pero no llega, que corre pero no alcanza la mística de aquel apellido ilustre. Es más, para ser sinceros y usando esa ironía de cuando éramos gurises, el pibe es tan "medio pelo", es tan "una teta", que el apellido le queda gigante; debería pasar a llamarse "Angosteta", porque de ancho y de gloria no tiene nada.


Pero como bien puse en un grupo de Guasá que integro, "el dolor del presente no debe empañar la alegría de la memoria y las vivencias del pasado". No podemos permitir que la amargura de un diagnóstico o la chatura de un lateral derecho actual nos quiten la gloria de lo vivido. Mi viejo vio a los mejores, gritó los goles más lindos y sostuvo la bandera cuando el viento soplaba de frente.


Gracias, Andrés, por recordarnos que, aunque el hoy sea difícil y el "Angosteta" de turno nos dé ganas de apagar la radio, los Anchetas de ayer, los de verdad, siguen ahí, custodiando nuestra alegría. Elijo quedarme con la promesa de charla entre abuelo y nieto, con los ojos de Jesús brillando al recordar una vieja hazaña, y con la certeza de que, mientras haya memoria, la esperanza jamás se pierde. LPM, qué lindo es el fútbol cuando nos ayuda a seguir de pie.


Para cerrar este rumiar de recuerdos y canchas, volví a revisar lo escrito, revisé el título y al pensar en “Herencia”, me sentí cooptado por “Opeth”, otra de mis bandas de cabecera en esta época “adulta” de mi vida.


En 2011, Opeth lanza el álbum “Heritage” (Herencia) marcando un punto de inflexión radical. La banda abandona el Death Metal en favor de un Progressive Rock oscuro con aportes del Jazz, reflejando una crisis de identidad, el peso del Legado musical (influencia de los años 70) y una catarsis plagada de madurez artística y personal.


El Proceso de Individuación y Catarsis

Heritage representa una crisis de Individuación, con referencias a Carl Jung: el duelo ante el desprendimiento de una identidad construida (el "Death Metal", el ego de la Juventút, la imagen y el cuerpo de mi padre) para integrar nuevas dimensiones del yo.


La Sublimación y la Muerte del Ego

Mikael Åkerfeldt abandona las voces guturales y la agresividad, se libera del corsé, se suelta de la armadura. El luto y la furia adolescente dan paso a emociones más sutiles y se muestra vulnerable.


La Sombra

El disco está lleno de inquietudes e incertidumbres (sonido fantasmagórico del mellotrón, disonancias). Representa la aceptación de los aspectos oscuros y reprimidos de la psique, un viaje introspectivo y onírico, lejos de la crudeza explícita de sus primeros álbumes.


Deconstrucción y el Paisaje Sonoro

Filosóficamente, el álbum cuestiona la naturaleza misma de lo que significa el "legado" (Heritage) y desafía la rigidez de los géneros musicales y las expectativas del oyente.


El Retorno del que te Jedi

El disco dialoga con Nietzsche (¿se escribe así, oh, estimado lector?) porque nuestro pasado (¡suéltame pasado!) no es una carga, sino la arcilla para la creación endógena. Opeth no copia su propia fórmula, deconstruye la música de los años 70 (King Crimson, Deep Purple) y la reinventa bajo su propia seña de identidad.


Fenomenología de la Percepción y el "Paisaje Sonoro"

La experiencia musical no es solo escuchar notas y acordes, sino habitar el sonido, sentirlo en el mediastino, en el mesenterio (lea bien, estimado lector, no dice “cementerio”).

Opeth se aleja de los "marcos predecibles" del Metal, exigiendo al oyente vivir el presente para entender la composición, apelando a la improvisación y al jazz para crear un paisaje sonoro complejo y cambiante.


La Ruptura de Paradigmas

El disco es contestatario con la industria y el purismo musical. Desafía el mandato de que una banda debe ofrecer lo que su audiencia espera. Es un disco auténtico, libre.

Surge Joseph Schumpeter y su idea de la “destrucción creativa”. Las nuevas composiciones se vuelven la “innovación revolucionaria” que rompe con la propia identidad de la banda, generando progreso, con un sonido más progresivo, aunque respetuoso de las raíces y de la propia historia de la banda.


Les dejo un link al disco entero.


¡Dele pedal a la vida! ¡Ah, no, pará! Dele una oportunidad a esta banda. No se arrepentirá.


Comentarios