El poder de las palabras

  

Podemos utilizar las palabras para construir o demoler, inspirar o desalentar, sanar o dañar. Su poder radica en su capacidad para evocar emociones, persuadir a otros y generar cambios.

Mediante ellas manifestamos empatía, compasión y comprensión y fortalecemos nuestras relaciones más significativas con las personas que nos rodean.

También podemos utilizarlas para motivar e inspirar a otros a actuar. Cuando usamos palabras para hablar de nuestros sueños y metas, podemos animar a otros a hacer lo mismo. Los cambios positivos pueden ser contagiosos.

Por supuesto, las palabras también pueden usarse con fines destructivos. Cuando se usan con malicia o con la intención de dañar, pueden tener un impacto devastador en las personas y en los colectivos.

Las palabras impactan directamente en nuestra autoestima y el valor generalmente se lo da la mirada y la opinión del otro.

En el caso de Belén no fue fácil lidiar con eso. Toda su vida estuvo marcada por la duda de poder llegar a algún lado, a pesar de querer siempre alcanzar el bienestar.

A lo largo de su vida se fue encontrando con personas que la alentaban a seguir y le daban herramientas para ello, y otras que no soportaban su fortaleza y la hacían dudar de su verdadera capacidad. Tal fue el caso de sus parejas.

La primera relación formal que tuvo era una persona que la ayudó a crecer y que la alentaba constantemente, le hizo ver un mundo posible y la elevó, tanto que cuando la dejó, el golpe de la caída fue desbastador. De ese golpe la rescató otra relación, absolutamente opuesta. Esta persona era tan mediocre y miserable que parecía ganar vida con cada maltrato, con cada insulto, con cada prohibición.

Al octavo año de relación, una charla con su hijo mayor la hizo despertar. Se dio cuenta de que estaba como anestesiada, soportando una vida que ella no quería. Era tiempo de salir, no había nadado tanto para morir en la orilla. 

Se preparó, se dijo día tras día que ella era capaz. Cuando se sintió lista para enfrentar las consecuencias, tomó coraje, se hizo una promesa y emprendió.  Se preguntó muchas veces por qué no lo había hecho antes. Sentirse libre la alivió y la empoderó. 

Agradeció, una y mil veces agradeció, por lo bueno, lo malo y por todo lo aprendido.

Con palabras sanas la elevaron, con palabras malas la sumieron, con preguntas la despertaron y haciéndose promesas pudo salir a adelante.

Si será verdadero, importante e inmenso el poder de las palabras.

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