La metáfora de la mamushka

Siempre me ha resultado fascinante la complejidad de la realidad rusa, o por lo menos entendida desde una mirada evidentemente influenciada por una visión americana, claramente “liderada” o más bien dirigida por Estados Unidos. Pero un día, un gran amigo me hizo una fuerte sugerencia vinculada a una biografía muy particular: la de Eduard Limonov. 

Es que este autor representa en si mismo la perfecta metáfora que transmite la artesanía mas famosa de Rusia: las mamushkas. Sabrá el lector a que me refiero: esas muñecas que dentro llevan otra, igual pero distinta y así sucesivamente ad infinitum. 

Pues este tipo era eso, muchos tipos metidos en uno.

Limonov fue un poeta y escritor, hoy no sabría decir si ruso o ucraniano, ya que su origen es Járkov, ciudad en la que hoy se dirimen los destinos de Europa. En realidad, nace en Dzerzhinsk, pequeña ciudad ubicada a unos 400 kilómetros al este de Moscú, pero a los 4 años su padre es trasladado a Járkov ya que trabajaba para el NKVD, una suerte de Ministerio del Interior Soviético. Ahí es donde crecerá y comenzará su periplo vital este particular personaje, que encarna todas las contradicciones que los occidentales podemos inferir del estilo de vida de aquella URSS y que tanto nos cuesta ver del nuestro.

Leer la descripción del Járkov de su juventud es como leer la descripción de Montevideo. Limonov crece en un complejo de edificios, muy similar a las cooperativas barriales nuestras. Se pasa el día en las calles, tienen más bien poco con lo que divertirse junto a sus amigos del bloque, se encuentran y desencuentran con jóvenes de otros edificios, recorren las calles sin mucho que hacer. No sobra ni el dinero ni el trabajo, por lo cual el pasatiempo de juventud será el alcohol y los problemas.

Crecer en la posguerra soviética no debe haber sido nada fácil, más para un joven con inclinaciones artísticas como la poesía, bisexual e impertinente.  A los 17 años fue internado en una institución psiquiátrica, fruto de su comportamiento. Se escapó. Escribía, bebía y se metía en peleas con todo aquel que se atreviera a reírse de él y su grupo, que no eran pocos. Se dedicó a coser jeans y todo tipo de prenda de vestir al estilo de la moda norteamericana para ganarse la vida, y no le iba mal.

Partiendo de un mismo punto, se pueden trazar infinitas líneas, sin lugar a dudas. 

En 1977, Limonov ya era un escritor aspiracional que había huido de la URSS con el pretexto de participar en un congreso en Nueva York, dejó a su novia por otra más guapa y se comenzó a codear con el exilio intelectual soviético. Entre todas las personalidades a las que este estatus de escritor fugado de la cortina de hierro le permitió acceder, conoció a Salvador Dalí, Andy Warhol y Truman Capote entre una constelación de estrellas y políticos. Muy pocas de esas personalidades se mantenían fulgurantes ante sus ojos, ya que su aguda y critica mirada de la realidad lo llevaba a despreciar a los distinguidos señores de la alta sociedad. Siempre latía en él la necesidad de luchar, de sufrir y no alejarse de la disciplina que exige vivir en las duras condiciones de su ciudad. \

Pero en una de estas fiestas, un tipo mal vestido, de pelos largos y cerquillo estilo taza lo cautivó: su nombre era Mark Bell. Este tipo había nacido en Brooklyn y, sin embargo era como él: desatendía los lujos, respetaba solo lo que hacia y bebía como un condenado a muerte. No era un flojo, conocía las calles y se dedicaba a disfrutarlas, sobre todo por las noches. Recientemente se había sumado a una banda de freaks que a esa altura estaban conquistando con su música a los desencantados jóvenes outsiders de la ciudad: The Ramones. Se pasaron horas charlando, lo que generó la furia de la novia de Limonov. 

Limonov en su juventud en Nueva York.

Siguieron en la casa de Marky que lo incorporó a su grupo de amigos, quienes frecuentaban el ya mítico club CBGB. Aquello era mas del paladar de Eduard, que prefería las almas atormentadas por vivir y sacarle provecho al viaje que a los acomodados autosatisfechos. Quizás por esta misma condición, la intensa amistad que surgiría entre ellos también se disiparía entre los viajes y las constantes fiestas que ambos frecuentaban.

El mismo tipo que se hizo famoso como una extrañeza escribiendo sobre drogas y experiencias homosexuales fundó un partido nacionalsocialista soviético que reivindicaba la unificación de la Gran Rusia y se quejaba de la actitud “floja” de Putin. Sus seguidores, jóvenes conocidos como Nasbols (abreviatura de Nacional Bolcheviques, nombre del movimiento que encabezó) colocaron un 24 de agosto de 1999, día de la independencia de Ucrania, una pancarta en lo alto de la torre del club de Marinos de Sebastopol en la que se podía leer: “Esta es una ciudad rusa”.

En el año 2017, Limonov acababa de salir de prisión. Fue condenado a dos años por su constante desafío a la autoridad. Marky Ramone estaba de gira en Moscú como único representante vivo de los Ramones clásicos. La revista Rolling Stone los juntó en una extraña conversación, 40 años después de aquel primer encuentro. Charlaron de porros y del extraño apartamento de Marky en un edificio de oficinas de Wall Street en el que ponía su amplificador de 600 watts de potencia a todo volumen en horario laboral. Tenia fajos de billetes sobre el televisor y un repartidor de comida se negó a seguir trabajando para quedarse bebiendo en aquel apartamento. También hablaron de la guerra fría y de la actualidad de las relaciones entre sus países. Limonov moriría al año siguiente.

Supo decir, recogido en su brillante biografía escrita por Emmanuel Carrère: “Todos los hombres de valía en Rusia beben como esponjas. Por desesperación y porque en un mundo de mentiras, lo único que no miente es la embriaguez”. Bien podría haberlo dicho Marky de sus compatriotas también.

Quiero terminar con un detalle: Limonov no era el apellido de Eduard. Su nombre real era Eduard Savienko. Cuando forjaba su personaje entre los desplazados de Járkov decidió cambiarlo por Limonov, que significa granada de mano. 

Sobran de esas hoy en las calles de Ucrania.

Comentarios

  1. Lo primero q se me viene a la mente es que no lo conocía. Gracias a esta columna, me parece raro que un bisexual exiliado reivindique a la nación rusa. Da para investigar. Gracias

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  2. Personaje contradictorio, super interesante! ademàs, luchò en Transnistria y otros conflictos de parte de las facciones pro Rusas, solìa freccuentar fiestas de la alta sociedad parisina y norteamericana....toda una ficha. Pronto se estrena un biopic, Limonov: the ballad. Gracias Diego por el apoyo!!!!

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