El Viejo Satán


 “… y van arrastrando la cola y una pistola que

bang bang! bang bang! bang bang! bang bang!

Nada más.

Y va reptando los rincones
entre miserable gente de poder
captando feligreses por ahí
les cambia el alma por un souvenir.

Nos vende armas y arma una guerra
o nos bloquea y nos destripa
hace promesas pide caricias
viene y te abraza y

¡Nada más!”

 “Y entre caricias pide perdón” continúa la canción pero no, no fue así en nuestra maltrecha historia. Nunca nadie pidió ese tardío pero necesario “perdón”. Tampoco hubo una pausa para dejar de fomentar guerras, bloqueos y destripamientos atroces. Ni de un bando ni de otro. Al contrario, veremos tanto de una vereda como de la otra “gente con poder”, con egos lastimados y ambiciones desmedidas, arrastrando a cantidades innumerables de almas a la destrucción detrás sus heridos orgullos. 

Por la época y el contexto, en sus cabezas sobraban motivos y si no, se los inventaban, hay que decirlo. Tuvimos la oportunidad de mencionar algunos de estos justificativos/pretextos para dar rienda suelta a la barbarie en entregas anteriores. El profesor e historiador Benjamín Nahum lo resume así: 

“La primera Presidencia de Fructuoso Rivera enfrentó los graves problemas de un Estado naciente con instrumentos inadecuados para resolverlos. El Caudillo no era hombre de Estado, ni entendía de problemas de administración. Su fuerza radicaba en la vinculación personal con la gente de campo, por lo que abandonó el poder formal del Estado en manos de los “doctores” (lo “abrasilerados”, en este caso).

A su vez, los “doctores” intentaron establecer una organización estatal por medio de recursos formales (leyes y decretos), pero el país real escapaba a su voluntad porque carecían de fuerza política para imponerla.

El resultado fue el desorden y lentitud en la organización administrativa del naciente Estado”. (1) 

Con este marco nacional, amigos y enemigos se confundían entre sí, cambiando muchas veces de bando, trocando a gran velocidad, de acuerdo a la  ocasión, simpatías y enojos. Contrincantes de hoy, amigos y compinches de otro tiempo, purgarían en breve, con sangre ajena, sus diferencias irreconciliables. 

Y entre ellos sobresale un ejemplo de este tipo de pujas por constituirse por la fuerza de las armas como la máxima autoridad, desconociendo las elegidas oportunamente. Hoy veremos, de manera muy resumida, la vida y hechos de quien fue uno de los principales contrincantes del Presidente Rivera, su amigo/enemigo: Juan Antonio Lavalleja. 

Rivera-Lavalleja, Lavalleja-Rivera, una relación rarísima que oscilaba entre la enemistad y la amistad de dos personalidades tan similares como diferentes, cimentada y desarrollada entre abrazos y traiciones, repleta de mentiras, intrigas y odios aparentemente irreconciliables. 

Pero parecido no es lo mismo, y esto aplica a estos dos personajes de nuestra historia. Juan Antonio Lavalleja, al igual que Rivera, era un hombre de campaña, baqueano y de gran ascendencia sobre la peonada y el hombre del interior. Descripto como hombre de costumbres sencillas, de modesto vestir que podía rayar lo descuidado y sin el más mínimo interés por los dictados de la moda de entonces. Franco, jovial, honrado y de una trayectoria militar destacada por su capacidad de liderazgo y por su corajudo arrojo, con destacadas actuaciones en el campo de batalla. Despreciativo con los militares de academia que no entraban a la lid y se limitaban a dar órdenes desde la seguridad ofrecida por la distancia de un catalejo. No nos confundamos, a Lavalleja también le gustaba dar órdenes, mandar, pero su personalidad lo llevaba a involucrarse personalmente en la lucha cuerpo a cuerpo. 

Este guerrero fiero que, al igual que su compadre Frutos, iniciara su actividad militar bajo el ala de Artigas, recibió su bautismo de fuego en el campo de la Batalla de las Piedras y a partir de entonces fue haciéndose de un nombre hasta transformarse en hombre fuerte y referente (como Gordillo). Fue quien entre otros inició la gesta independentista con la famosa Cruzada de 1825 y previo al comienzo de la vida institucional de la República, ofició como Gobernador.

Pero nada dura para siempre, y de ese pasado reciente decorado por los laureles del reconocimiento, de golpe y porrazo, el olvido, la postergación y el ostracismo, mientras otro recibía el honor y lo vítores.

Una vez sí, y otra también, sus aspiraciones de escalar a la primer magistratura y ostentar el poder que creía merecer, se fueron dando de bruces contra la realidad y a regañadientes quedó como simple testigo de los acontecimientos: su compadre y antiguo camarada de tantas luchas es elegido como presidente de la República y con esa elección, el principio de un período de conflictos.

Los acontecimientos teñidos de una gran desprolijidad y cubiertos de irregularidades notorias fueron descriptos por los seguidores lavallejistas como casos de corrupción. Los artículos de prensa se encargaron de defenestrar la gestión de los ministros y, como respuesta desde el gobierno, se adoptaron medidas que fueron recibidas como una lisa y llana persecución. Eugenio Garzón, hombre del riñón de Juan Antonio fue destituido como Jefe del Estado Mayor, Lavalleja es intimado a dejar una estancia de su propiedad bajo amenazas de expropiación, varias bajas deshonrosas y otras tantas medidas configuraron la excusa suficiente para abandonar las palabras y volver a las viejas usanzas: el sable, la pica, la lanza… en definitiva, el derramamiento de sangre. 

La rebelión y la inestabilidad se hizo norma y si bien es verdad que para muestra basta un botón, acá van algunos ejemplos de la violenta normalidad con un país todavía en pañales: 

  • En 1832 se subleva el Mayor Juan Santana en Durazno, se dan una sucesión de hechos bochornosos que terminan haciendo que los lavallejistas declaren abiertamente su desconocimiento a la autoridad del vice presidente: Luis E. Pérez.
  • Santiago Vázquez, uno de los integrantes del clan de “Cinco Hermanos”, se toma los vientos viendo que las cosas se complicaron.

  • Rivera radicado completamente en el interior, mientras que en Montevideo la cosa parecía que explotaba en cualquier momento.
  • El Vice presidente pide ayuda extranjera, ¿Quién sale a su rescate? Aunque parezca chiste, el cónsul gringo de nombre Bond, James Bond. Y no solo eso, también lo apoya la tripulación del barco, también gringo, llamado ENTERPRIZE (anacronismo y pico).
  • Eugenio Garzón, que no comía ni con hambre, se llena el buche, no se amilana y trata a Rivera y su clan de: “...Círculo imperial... Gavilla (…) enemiga de la independencia” y a Rivera y a Obes les dedica: “...dos hombres funestos para dirigir la administración…” (2)
  • La campaña en armas y el descontrol reinante.
  • Hay un acuerdo entre representantes de los dos bandos, donde pactan que Rivera seguiría como Jefe de Gobierno y cesarían las confiscaciones a Lavalleja… pero Rivera, para sorpresa de absolutamente nadie, no respetó dicho acuerdo y logró vencer con sus tropas a los insurgentes.
  • Serie de levantamientos entre 1832 a 1834 TODOS DERROTADOS POR EL GOBIERNO.
  • En 1833 Garzón invade desde Brasil y después de cuatro días de lucha, se apoderan de Melo, pero son derrotados rápidamente.
  • En1834 Lavalleja invade Uruguay desde Entre Ríos, declara cesante a Rivera de la primera magistratura y además lo declara reo de lesa nación. ¿Con qué autoridad y por qué lo hace? Porque podía, porque tenía seguidores con armas y sabían usarlas. 

Pero a pesar de tanto esfuerzo, tanto batallar, tanta sangre derramada, muy para el pesar de Juan Antonio Lavalleja, éste termina derrotado una y otra vez por Rivera, exiliándose en Brasil, no sin antes incurrir en otros dos levantamientos armados con el mismo fin que todos los anteriores.¿Qué pasó con los seguidores lavallejistas hechos prisioneros de esas batallas? FUERON FUSILADOS y sus bienes, confiscados. 

Una triste tradición más vigente que nunca, los derrotados afrontando la consecuencias de sus actos de insurrección y la violencia retribuyendo a otras violencias en un tire y afloje que pareciera no terminar jamás.

Quien sí dio por finalizada su primera magistratura fue el mismísimo Rivera, entregando en octubre de 1834 el poder al presidente del Senado, don Carlos Anaya para volver al interior pero ahora ostentando el cargo de Comandante General de la Campaña.

Se tomaba un receso de su faceta política y administrativa de la República, cargando sobre su espalda con no pocos cuestionamientos por la pésima gestión realizada. Lo irónico, es que esa Comandancia inventada y adjudicada al ahora ex presidente, tenía el único objetivo de mantenerlo sosegado y alejado del trajín de la capital y sus intrigas palaciegas, pero pronto provocarían nuevas disputas, más inestabilidades, evidentemente otros enfrentamientos, solo que esta vez, el contrincante será su sucesor en el sillón presidencial, el General Brigadier Manuel Oribe.

La naturaleza de ese país de fines de siglo XIX hará que, a pesar de contar con nuevos protagonistas, la violencia siga pagando con violencia y los “Caudillos”, tanto los nuevos como los viejos, usarán de todo su poder y su enorme incidencia sobre la población para solucionar sus disputas con desmesura, cambiando almas por souvenirs... que luego llamaremos divisas y que en breve relataremos en este espacio.


(1) Benjamín Nahum, “Manual de Historia del Uruguay: 1830-1903” Pág. 67

 

(2) Carta de Eugenio Garzón a Guillermo Miller, 16/09/1833.


Comentarios

  1. Y la pregunta que surge:
    Y Artigas hizo algo en ese momento?

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    1. Artigas vivía cómodamente en una chacra que le cedió Gaspar Rodríguez de Francia en el Paraguay, capaz un poco contra su voluntad pero ahí estaba el hombre. Así cualquiera

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  2. No lo pudo priorizar. Habría declarado: "Yo no fuí, yo no estaba, a mí ni me miren... dale Negro, da vuelta el mate bo"

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  3. Por momentos pensé que escribías sobre la coalición

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  4. Como diría mi "amigo" el viejo Adusto: ¿Está maaaal si décimos que nuestro Rivera-Lavalleja del 1800, en la actualidad sería El Chepe vs El Dente? Veo mucha similitud en el texto.

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  5. De Gordillo como referente te la llevo. Pero fuerte ...?. Linda imagen la del billete de 5.000 pesos viejos. Rendían los sábados de noche

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    1. Diría Díaz: Uno de los billetes maaaaaás lindos e influtentes del mundo!

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