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| Ross Geller, en su recordado intento de levante, hablando de los gases como recurso seductivo. Friends, temp. 5, cap. 14 "El de Ross que no puede coquetear". |
Buenas noches a todas y todos. En esta ocasión, el tema se puede poner un poco escatológico, quizás de manera innecesaria pero prometo que va a ser corto como pedito de vieja. La idea es jugar un poco con el asquito, embarrarse un poco. Y espero que les guste la propuesta, la escribí en los ratos donde estaba al pedo en el trabajo.
El pedo siempre fue una cuestión para la humanidad. No solo hoy en día, sino a través de la historia. Hay hasta un dios del pedo. Está presente en el día a día. Es una cuestión desagradable para todos menos para uno, el que lo larga, al que le provoca una sensación de alivio en el vientre que capaz venía atajando porque iba en un ómnibus lleno, en el ascensor, o porque estaba en una entrevista de trabajo.
¿Qué es el pedo?
Vale aclarar que el pedo no es exclusivo del ser humano. Todos los animales se tiran un gas. El más famoso es el de las vacas y su supuesto efecto sobre la atmósfera.
Según la Encarta, una flatulencia es la expulsión de gases acumulados en el aparato digestivo a través del esfínter anal. Estos gases provienen de la comida y la bebida que ingerimos, luego de haber pasado por el estómago y entrando en interacción con la flora intestinal. Los gases que las componen son nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, dióxido de carbono y metano. Lo que le da el mal olor es el azufre. Todo eso tenemos adentro, quién lo diría.
No sería un tema si la flatulencia la expeliésemos en soledad. Que hasta puede ser una experiencia chamánica, como por ejemplo, abajo de las sábanas para retener todo esa expresión del Yo gaseoso cerca nuestro, en una especie de campo áurico. Ojo, pensándolo bien es flor de negocio. Del estilo "así te roban en Palermo". Me hago llamar "coaching flatulógico" y le cobro unos buenos billetes a todos aquellos que les gusta pagar por la novedad.
Bueno, volviendo. El problema con el pedo es cuando lo presentamos en sociedad, dependiendo el círculo de afinidad. No es lo mismo esta actividad en familia, entre amigos o con desconocidos. Además, hay un "coeficiente de oloridad" que incide en el nivel de rechazo que generamos entre aquellos a quienes le endosamos el gas, que me llama la atención cómo no es un estudio falopa de la Universidad de Stanford o de la Escuela de Negocios de la ORT.
Si es entre amigos, puede ser hasta una sana competencia de la que nos podemos sentir orgullosos de ganarla. Una buena forma de alejarnos de las pantallas. Ahí se puede establecer dos rubros o categorías para determinar el ganador, ya sea el de "mayor sonoridad" o "mayor odoridad". Y ahí vas planteando tu estrategia para alzarte con el triunfo. Podés indagar en tu propia experiencia y ver si apretando o relajando el esfínter alcanzás el mejor sonido; o si lo amasás un poco para generar el peor olor, ese que provoca la estampida de tus rivales y declara tu victoria por "walk-over". Dicen que las comidas de olla ayudan a mejorar la visión global del espectáculo.
Igual, creo que hay una convención de que el "pedo sordo" es lo peor, algo que puede hacer que caiga un estigma sobre vos. El problema mayor es que su lógica funciona como la tormenta, cuando ves el fogonazo ya te aprontás para el estruendo. Obviamente estoy hablando del fenómeno meteorológico, porque si ves un fogonazo en el trasero de alguien, ese alguien debe tener serios problemas. En definitiva, si ves el flash del relámpago no te agarra desprevenido. En el caso del "sordo" no es posible la defensa ni ponerse a resguardo porque su accionar ya te invadió cuando te das cuenta.
Y siempre, siempre es conveniente tener una mascota para echarle la culpa y zafar.
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| "Cerrar los esfínteres", otra expresión coloquial que expresamos cuando no queremos que se entrometan en algo que consideramos no manejan tan bien como uno puede hacerlo. |
Una historia al pedo.
Como decía al principio, esta cuestión flatulenta no es de ahora. Hay registros de otros pueblos que documentaron el asunto. Como por ejemplo, en una tablilla sumeria. Parece que en el siglo XXIV A. C. hubo un rey llamado Lugalzagesi, cuyos pedos "olían a vino fermentado". Por lo que al parecer era atributo destacado entre los grandes hombres, no así para las mujeres, ya que un proverbio sumerio del siglo XIX A. C. decía que nunca una mujer se tiró un pedo en el regazo de su marido.
Siguiendo por la zona, los habitantes canaanitas y moabitas adoraban a un Dios similar a Baal, al que le ofrecían materia fecal como ofrenda y se tiraban pedos detrás de su estatua. La tradición bíblica incluso señala que le llegaban a ofrecer sacrificios humanos. "Baal-Zebú" se llamaba. ¿Les suena familiar?
Los griegos y los romanos no llegaron a tanto, pero sí escribían de manera satírica sobre el asunto. Los truenos para los griegos eran pedos del Olimpo.
Los inuus, pueblo de Groenlandia y del norte de Canadá, si tuvieron un dios, llamado. Matshishkapeu. No era una deidad del pedo en sí, pero al parecer usaba las flatulencias como forma de comunicarse con sus creyentes.
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| Representación del dios Matshishkapeu. Para que no queden dudas. |
Pero los vientos fueron cambiando, y sobre finales del siglo XVIII ya en algunos ámbitos académicos se abogó a favor de la práctica flatulenta. El filósofo francés (que parece que estaba al pedo) Pierre-Thomas Nicolas Hurtaur publicó un tratado llamado "El arte de leerse. Teoría, práctica y metodología". Si presento algo así en Humanidades obtengo el posgrado. Créanme.
Hasta Quevedo le dedicó su eximía pluma escribiendo "Poema al pedo", obra que tendría otro título y que seguramente le habría compuesto a una señorita que cortejaba, y pensó que con unos versos se ganaría su favor. Pero al no lograr su objetico, y con atinado sentido del humor le cambió el nombre y nos dejó un verso que dice así. "(...) hay pedos tristes, los hay risueños, según el gusto que tiene el dueño".)
Hay varias historias de esta, dejo el enlace a la fuente de donde tomé la información aquí
y el enlace al poema de Quevedo también aquí.
Como final, voy a dejar un vídeo donde un señor muy inglés, con toda su británica flema (¿haré columna de esto también?) entrevista a Gary Oldman, y en determinado momento le muestra unos videos con fragmentos de actuaciones donde le agregan sonidos de pedo, preguntando si eso hubiese mejorado la actuación. Está en inglés, pero el lenguaje universal flatulento no necesita traducción. Quizás ya lo vieron porque circuló en las redes, pero amerita terminar con esto. Además lo conseguí medio de pedo.
Hasta la próxima.



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