La invitación: Una bomba a punto de explotar

 


El mundo del cine está plagado de remakes; esto es, nuevas versiones de historias que ya se han contado. En muchos de estos casos, la conclusión luego de su visionado es la de que son "innecesarias". Pese a esto, como en todos los ámbitos de la vida, existen excepciones. Una de ellas está próxima a arribar a los cines de nuestro país. El próximo 16 de julio se estrena “La invitación”, película que, gracias a la invitación de LIFE Cinemas, pude ver en su función de prensa en el Complejo Alfabeta.
Esta película, distribuida por A24, es una adaptación de la película española de 2020 “Sentimental”, que, a su vez, adapta la obra de teatro homónima, con la particularidad de que tanto una como otra son dirigidas por Cesc Gay. Sus protagonistas son Javier Cámara, Belén Cuesta, Alberto San Juan y Griselda Siciliani. Existe, además, otra versión coreana que fue estrenada en el año 2025, dirigida por Ha Jung-woo, por lo cual, como ocurre en muchos casos, se seguirán sumando diferentes versiones sobre esta historia.
En esta adaptación norteamericana, la tarea de dirigirla recayó en las manos de Olivia Wilde, quien, además, es una de sus protagonistas. Esta es su tercera película en el rol de directora; sus anteriores trabajos fueron “Booksmart”, de 2019, y “Don't worry Darling”, de 2022.
El elenco está formado, además por Olivia Wilde, quien interpreta a “Angela”, por Seth Rogen en el papel de “Joe”, Penélope Cruz da vida a “Piña” y Edward Norton a “Hawk”.
En el comienzo, la película nos presenta una escena onírica, con formas apenas perceptibles y cubiertas de luz, como si se tratara de un sueño, en la que se escuchan las voces de una pareja feliz y música. Se trata de un recuerdo que evoca un pasado que ya no existe. Tras un corte abrupto, desaparece toda luz y conocemos a “Joe”, un profesor de música perdido en sus recuerdos mientras sus alumnos tocan sus instrumentos. Luego conocemos a su esposa “Angela”, quien, de forma presurosa, está preparando su casa para una visita.



Una vez que “Joe” cruza la puerta al volver a su hogar, se nota que hay algo que no está funcionando bien en la pareja. El relacionamiento entre ambos personajes es cortante y la discusión es constante; como si de un código ya preestablecido entre ellos se tratase, en virtud del cual, la falta de comunicación real y el conflicto estallan ante la mínima provocación. Porque de esto va esta historia: un matrimonio en crisis que atravesará una noche que será determinante para su futuro.
El elemento que terminará de detonar la bomba de tiempo en la que se transformó la vida de los protagonistas será la visita de los vecinos del piso de arriba, “Piña” y “Hawk”. Una pareja que, a diferencia de ellos, se encuentra literalmente en otro punto de su relación y prácticas, algo que, sin duda, pondrá a prueba a todos.
Respetando el origen teatral de esta historia, la película tiene en esto una de sus principales características; los movimientos de cámara son pocos; por lo general, esta se encuentra fija, captando los movimientos de los personajes, retratando el desarrollo de la velada. Existe, claro, algún que otro plano secuencia que contribuye a la acción que se va desarrollando, además de los planos y contraplanos infaltables en los diálogos. 
La banda sonora es sutil, a veces inexistente, pero en los momentos en los que aparece, sea de manera diegética o extradiegética, contribuye de gran forma a lo que está ocurriendo en pantalla. Además, al desarrollarse fundamentalmente en una única locación, el peso recae en las interpretaciones de los actores y en sus diálogos, algo que funciona de muy buena manera. Todos los intérpretes lo hacen de gran forma; dotan a sus personajes de características que interesarán a los espectadores. Los comentarios mordaces, sarcásticos e incómodos pululan a lo largo de todo el visionado y esto no hace más que elevar la experiencia. Olivia Wilde es emotividad pura; su personaje se encuentra en una línea muy delgada que puede terminar en el colapso. Por su parte, el de Seth Rogen es el fiel reflejo de las consecuencias de no decir las cosas o bien, esconderlas detrás de constantes comentarios sarcásticos y cómo esto se va acumulando, lo que, pese a que no se quiera, termina afectando a todo su entorno.


El tema central de la película es el vínculo, en este caso, el de pareja. Cómo una pareja en crisis reacciona ante las nuevas formas de relaciones y el choque de estas perspectivas.
“Piña” con su sexualidad a flor de piel, y “Hawk”, con su honestidad brutal, serán los catalizadores para que los protagonistas expresen cosas que se encuentran ocultas (o no tanto) y se replanteen su situación a todo nivel.
Lo mejor es que la película no tiene la necesidad de recurrir a la sátira ni a la comedia exagerada para entretener. Su visionado es muy ágil y funciona fundamentalmente por la interpretación de sus actores. Hay humor, claro que sí, pero además de hacer divertir, en el fondo, revela los temas centrales que se quieren plantear. Hacia el final se llega a un punto de quiebre en el que la comedia deja su lugar al drama y aquí la película también funciona muy bien.


Al final, tal como si del cierre de un círculo se tratara, la música y los protagonistas se vuelven a reunir, dejando las preguntas latentes en la mente del espectador que los acompañó a lo largo de toda esta historia acerca del futuro y, ¿por qué no?, sobre sus propias situaciones. Estamos ante una película que puede interpelarnos y esto es uno de sus mejores logros. Sin dudas, las relaciones humanas, siempre tan complejas y diferentes, son el caldo de cultivo de una infinidad de obras a todo nivel, las que contribuyen a la reflexión y, por esto, cuando son bien plasmadas, no hay que perder la oportunidad de recurrir a ellas.







Comentarios