Si existe un deporte que ha sido llevado una infinidad de veces al cine es el fútbol americano. Hemos visto las historias de sus jugadores, ya sean reales o ficticios, ascender, caer, ganar, perder, volverse leyendas o pasar al olvido. Siempre estas historias van desde la cruda realidad hasta la más maravillosa fantasía. Pero en una sociedad en la que el éxito está medido en qué tan alto se llega venciendo los diferentes obstáculos, no es de extrañar que se realce la figura de los jugadores, elevándolos cual dioses del Olimpo, pero también, reflejando sus luces y sus sombras. “Him”, recientemente agregada al catálogo de de HBO MAX es la nueva película que trata sobre este deporte y quienes lo practican. Pero esta vez no vemos la típica historia en la que veremos el ascenso de un jugador, sus luchas y los diferentes partidos que ha de jugar. Aquí la historia es más truculenta, contada en clave de terror a lo largo de sus noventa y seis minutos, porque esta película es una historia terrorífica que no pasará desapercibida para el espectador.
La dirección está a cargo de Justin Tipping; además, cuenta con Jordan Peele como productor. La protagonizan Tyriq Withers y Marlon Wayans, en sus respectivos papeles de un joven talento y una superestrella considerada el mejor quarterback de la historia de este deporte. Lo que podría ser la típica historia del pasaje de la posta del jugador veterano a la nueva generación se transforma en un viaje retorcido, un descenso constante y directo al infierno.
La historia comienza cuando Cam, interpretado por Tyriq Withers, una figura
emergente cuyo talento lo lleva a ser la primera opción para transformarse en
la principal figura de la liga, es brutalmente atacado, con consecuencias que
ponen en peligro su futuro. En su momento más bajo, en lo que parece ser un
golpe de suerte del destino, su agente, Tom, le comunica que se ha presentado
la oportunidad de entrenar durante una semana con Isaiah White (Marlon Wayans).
Cam no dudará en aceptar la propuesta, aunque ello implique un riesgo para su
salud.
Es interesante cuando las películas de terror no solo tienen como objetivo
asustar, sino que también hacen alguna crítica a nuestra realidad, más
precisamente en este caso, al mundo de los deportistas, a los extremos a los
que son llevados, tan solo para pertenecer y no caer en el olvido. De este tipo
de críticas la película trata en muchas oportunidades, a veces de forma sutil y
en otras de forma clara y directa.
Lo que parece ser una bendición del destino, termina siendo un camino empedrado
que llevará al protagonista hacia el borde del abismo. En todo momento, la
sensación que persiste es que hay algo más de fondo que está ocurriendo y que,
sin dudas, es mucho más siniestro que incluso el ya de por sí tortuoso
entrenamiento al que es sometido Cam, algo que lo llevará al límite, tanto
física como emocionalmente.
Tal como si de la historia de la Divina Comedia de Dante, la película nos propone un viaje a través del infierno, en el cual el alma de Cam es el precio a pagar para obtener todo por lo que ha trabajado y ha deseado siempre.
Es interesante cómo desde el primer momento este viaje se nos representa
mediante el aspecto visual que recorre toda la película. El color rojo está
presente en todo momento de forma muy intensa, tal como si del averno se
tratase. Los espacios son terriblemente agresivos; los planos son estrechos,
asfixiantes, rodean al protagonista como si estuviera atravesando un túnel del
que no hay escapatoria.
Los fanáticos son retratados como almas en pena que pululan en pos de atención
de sus ídolos; con aspectos fantasmagóricos, se mueven por todos lados.
Mientras que todos los que rodean a Cam son como esos demonios cuya tarea es
atormentarlo y llevarlo cada vez más hacia su perdición. El manejo de las luces
y las sombras no hace más que exacerbar el ambiente general y, desde estas
últimas, emergen constantemente amenazas.
Respecto a las interpretaciones de los protagonistas, cabe destacar que Marlon Wayans lo hace de gran forma. Normalmente estamos acostumbrados a ver sus diferentes trabajos en el ámbito de la comedia, por lo cual es un agradable descubrimiento ver que puede ser tremendamente amenazante y perturbador. Vemos en él el futuro que le depara a Cam si sigue el camino que tanto ha deseado y que parece inevitable. El joven Tyriq Withers tampoco lo hace mal; vemos cómo representa la vulnerabilidad de su personaje, cómo lentamente el entorno lo va afectando a todos los niveles, hasta que llega el momento de luchar y decidir quién es en realidad.
La crítica a la fama y sus consecuencias está presente en todo momento, como si
cuanto más cerca del cielo se encuentra, en realidad la caída al infierno es
inevitable. Las cosas de las que son capaces las personas para perdurar, aun
cuando ello implique sacrificar todo y transformarse en lo que no se quiere ser
también.
La banda sonora es igual de amenazante que la acción que estamos presenciando,
desde las letras de los temas que fueron seleccionando hasta los silencios que
calan en los huesos.
Seguramente esta no sea la película de terror del año; tampoco será una de las
que queden en nuestra memoria una vez que pasemos raya. Pero, sin dudas, es
todo un viaje, una experiencia que vale la pena poder experimentar por lo menos
una vez. Así, en el futuro seguramente se nos contarán nuevas historias de este
deporte, pero cuando pensemos sobre el cielo y el infierno que puede implicar
la fama, seguramente la recordemos, aunque sea por un breve momento.
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