Cuando pensamos en los integrantes del conocido “universo de monstruos de Universal”, vienen a la mente las diferentes películas de los monstruos que lo conforman: Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo, entre otros, que por mucho tiempo alimentaron el miedo de los espectadores. Dentro de este grupo, uno de los que siempre viene a la memoria es la Momia. La interpretación de Boris Karloff en el clásico “La Momia” de 1932, dirigida por Karl Freund, marcó el inicio del viaje de este personaje en el cine a lo largo de los años.
Cuando parecía que el personaje había quedado dentro de su sarcófago destinado al olvido, volvió a ser resucitado en el año 1999, con el estreno de “La Momia” de Stephen Sommers, protagonizada por Brendan Fraser y Rachel Weisz. Una versión que apunta más a la aventura que al terror, pero que fue un soplo de aire fresco para ese género por esos años.
Posteriormente, en un mundo en que la idea de los estudios era tener su propio universo cinematográfico con películas interconectadas para explotarlo al máximo, se intentó traer de nuevo el de los monstruos de Universal. En el año 2017 se estrenó “La Momia”, dirigida por Alex Kurtzman y protagonizada por el mismísimo Tom Cruise. La película fue catalogada como un desastre y esto ocasionó que el tan deseado universo quedara destinado al ostracismo y, posteriormente, cancelado.
Pero si hay algo que este personaje nos ha enseñado es que no interesa cuántas veces se lo encierre, entierre u olvide, siempre encuentra la forma de resurgir. Así, en 2026, tenemos una nueva versión con una vuelta de tuerca al mito de este personaje.
Lee Cronin escribió y dirigió este nuevo estreno que, desde
ya, se puede afirmar que no va a pasar desapercibido. Dentro de su filmografía
se destacan “The Hole in the Ground”, estrenada en 2019, y
“Evil Dead Rise” de 2023. Él mismo se encargó de revelar en entrevistas el nexo
existente entre esta y su nueva película, dado por un detalle en la trama, el
cual se traduce en que esta se desarrolla en el mismo universo de la saga de
Sam Raimi.
Por este motivo, no es de sorprender que algo que se percibe
ni bien nos adentramos en su historia es que combina ideas centrales de la saga
“Evil Dead” y de “El Exorcista”, logrando un festival de
horror que no defraudará a los amantes del género.
Luego del secuestro, entra en escena la policía egipcia “Delia Zaki” (May Calamawy), quien llevará adelante una búsqueda incansable con el objetivo de descubrir el misterio detrás de la desaparición de "Katie".
Luego de esto conocemos a los protagonistas, el matrimonio formado por "Charly Cannon”, periodista apostado en dicha ciudad, a quien da vida Jack Reynor, y “Larissa Cannon”, enfermera interpretada por Laia Costa. Viven allí junto a sus dos hijos pequeños, “Katie”, interpretada por Emily Mitchell, y “Sebastián”, interpretado por Dean Allen Williams, mientras esperan la llegada de la tercera.
En esta oportunidad, como nos tienen acostumbrados las películas de este género, ocurre un hecho que ocasiona un trauma tal que desencadena los acontecimientos que se cuentan. Este se da cuando, en lo que parece ser un día común y corriente, uno de los peores miedos más arraigados en los padres se hace realidad. Luego de descubrir que alguien ha estado vinculándose de forma secreta con la pequeña “Katie”, su padre no puede impedir que esta sea secuestrada del jardín de su casa.
El matrimonio protagonista, con sus dos hijos, el adolescente “Sebastián”, interpretado por Shylo Molina, y la pequeña “Maud”, a quien da vida Billie Roy, viven con la madre de “Larissa”, “Verónica Santiago”, interpretada por Verónica Falcón, una persona con una fuerte fe cristiana.
Sucesivamente, van ocurriendo hechos cada vez más perturbadores y terroríficos que afectan a la familia. En esto vemos un punto en común en la filmografía del director, ya que en sus películas esta se ve colocada en una situación en la que es arrinconada y atacada por las fuerzas del mal. Se la deja inmersa bajo una atmósfera en la que se percibe que en todo momento está ocurriendo o a punto de ocurrir algo malo.
El gore se va apoderando cada vez más de las secuencias para generar horror; para obtener este efecto, se recurre a diferentes planos detalle, en los cuales el espectador presencia de primera mano escenas que se sentirán muy fuertes y que no todo el mundo podrá soportar. Incluso una secuencia parece darnos casi lo que en su momento nos negó “El Exorcista” de William Friedkin, como para que se perciba aún más la referencia.
Así, la película transita a dos niveles: el principal, en Albuquerque, con el padecimiento de la familia; y el otro, en El Cairo, con la búsqueda de respuestas de “Delia Zaki”, las cuales, una vez respondidas, no hacen más que acrecentar el horror.
En definitiva, esta nueva versión de La Momia se aleja del sentido de aventura de las últimas, trae de nuevo su faceta más terrorífica y, sin dudas, en este aspecto lo logra. Quedará en el espectador animarse a adentrarse en esta historia terrorífica y disfrutarla, pero si se acepta su propuesta, sin dudas así será.

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