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| Mi Hermano abrazando con firmeza, Yogi tocando el corazón del Viejo y mi Padre aceptando su nueva realidad, en la fiesta. |
Entre el Orden, el "Simio" y la Redención en el Cumple de Paulina.
Tengamos en cuenta que hace casi dos años, creía tener claro que ciertas cosas NO iban a suceder. Por algo escribí sobre las tan mentadas 15 Primaveras, mientras corría el otoño de 2024.
Pero en esta etapa de la vida, uno ya no está para grandes revoluciones, sino más bien para intentar que el barco no se hunda en el puerto. En este Uruguay nuestro, ser un padre de familia implica a menudo una lucha silenciosa contra el caos. Mi trinchera personal siempre ha sido el orden: esa obsesión casi religiosa por la limpieza, la higiene y que cada cosa esté en su lugar exacto. Es mi forma de controlar un mundo que, afuera, se siente cada vez más desordenado. Esa rigidez la llevo también a la Facultad, al gimnasio (donde me exijo como si fuera un pibe), siempre tratando de mantener esa imagen de tipo recio y disciplinado, el que "pone orden" en la casa, mientras por dentro uno lidia con una sensibilidad que a veces da miedo mostrar.
La verdadera prueba de fuego llegó con la fiesta de quince de Paulina, mi hija menor. Organizar un evento de esa magnitud es, para alguien con mis manías, lo más parecido a una tragedia consumada. Al principio intenté opinar, pero rápidamente me di cuenta de que mi esposa y mi hija ya tenían el control absoluto del barco. Ante ese panorama, decidí sucumbir por el bien de la paz familiar. En lugar de pelear por cada detalle del salón o del catering (ni qué decir de los costos, porque yo, "Gangaman" no soy para nada, profeta en esta tierra), apliqué lo que sería, yo para mí, pienso de qué, es el propio ejemplo de una "burda estrategia de mitigación de riesgos": me entregué por completo y elegí no involucrarme en la organización. Fue un acto de supervivencia; sabía que si intentaba participar, terminaría siendo un palo en la rueda y boicotearía el evento con mis exigencias de control y gastos.
Me sentí un poco como esos técnicos de básquetbol que admiro, como Pablo López, que a veces tienen que aceptar que no los eligen para diseñar la jugada final y deben trabajar ese sentimiento en terapia. En mi propio "ANTEL Arena", en el salón de fiestas "El Patio", que cuenta con participación activa de allegados a "Justicia Infinita", acepté mi rol de espectador pasivo de la logística, aunque con el corazón apretado por la responsabilidad de ser el guardián de la alegría de mi hija.
Sin embargo, no podía quedarme totalmente al margen. Decidí que mi aporte sería musical. Bueno, seamos realistas, mi esposa me "conminó" a ensayar algunos temas, para que al menos pisara la pista de baile con la excusa de cantarle algo a nuestro retoño menor. No me gusta nada, pero nada bailar, no soy como el Fred Astaire de este Blog, sí, hablo del inefable Andrés Reyes..
Se produjo un regalo desde ese lugar donde mi fragilidad sí tiene permiso para salir. Con Marcelo, mi gran amigo y padrino, y Florencia, mi hermana y madrina de Paulina, ensayamos una par de noches, para tocar en vivo. Los ensayos fueron pocos, sí, pero de una intensidad que me dejó de cama.
Marcelo es un guitarrista eximio; Florencia es una cantante coral eximia. Y después, Yogi, que en esa comparación fonética me sentía simplemente como un "simio", tratando de seguirles el ritmo sin que se notara tanto la diferencia técnica entre sus talentos y mis ganas.
Elegimos un par de canciones que, para mí, resumen mucho de lo que somos.
Al final, la fiesta salió perfecta, Paulina quedó realmente muy sorprendida, casi estupefacta, hasta el punto de no poder contener las lágrimas, y mi estrategia de no molestar funcionó.
Aprendí que, a veces, para que los que amamos brillen, tenemos que soltar el trapo de piso y animarnos a ser el "simio" que canta con el corazón en la mano.
Como dice la Comunidad Plaseña, la esperanza jamás se pierde y siempre hay un lienzo nuevo para colorear, incluso cuando uno cree que ya se convirtió en estatua. Quizás la verdadera redención no es dejar de ser quien uno es, sino encontrar la fuerza para, a pesar de las cicatrices, seguir adelante y dejarse elegir de nuevo por los que más importan.
Esta vez, los vídeos se entretejen en el texto, en lugar de estar al pie de la entrada en el blog. Porque también es bueno romper el molde en "mi" Blog.

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