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| El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el Salón Oval de la Casa Blanca. (Aprecien el esfuerzo por escribirlo todo protocolarmente.) |
Buenas noches. Hoy vengo simplemente a volcar unas reflexiones sobre el evento ecuménico que se avecina en unos meses, que se va a celebrar entre México, Estados Unidos y Canadá. Me refiero al Mundial de fútbol.
La frase, como supongo que todos saben, fue dicha por Diego Armando Maradona en ocasión de un partido que se hizo en su honor en la Bombonera. Precedía dicha frase la verba del 10, enumerando con la locuacidad que lo caracterizaba, los errores que cometió en su vida. Y sentenciaba ese reconto con la frase del título de esta columna, como una máxima inexorable donde preservaba al fútbol de todo mal que lo pudiese afectar.
Pero voy a tomar esa frase ("la pelota no se mancha") como un reclamo. Es decir, el sentido que le voy a dar es de una exclamación de campito: "boo, bo, la pelota no se mancha boo", como forma de alejar a quienes pretenden ensuciar el máximo deporte. "Aleja tus cochinas manos sucias de salsa barbacue de chicken bucket del balón", para hacerlo en español neutro a la vez que, como misil iraní, voy apuntando hacia el meollo del asunto.
No voy a descubrir que el fútbol y la política van muy de la mano, por más que se insista en lo contrario. Es como una constatación orwelliana del tipo "la guerra es la paz".
Considero que el fútbol que vimos cuando éramos chicos (los noventa) ya no existe. Hoy está entregado a los Yankees y a las casas de apuestas.
Desde el "FIFAgate" Estados Unidos se metió de lleno en el futbol. Aunque la relación del yankie con el fútbol es muy rara. Considerado un deporte menor detrás del béisbol, el basket y el "fútbol" americano, representa para ellos un embole pues no son capaces de sostener la atención que demanda un deporte donde los scores suelen ser bajos. Pareciera que no soportan estar 15 minutos sin estímulos, a merced de la introspección, y todos sabemos que la voz interior suele tender al comunismo, por lo que su irrupción a la conciencia debe ser perseguida con publicidad, porristas y cerveza. Pero eso lo compensan pues ven en fútbol una manera de incidir geopolíticamente.
De las casas de apuestas no sé que decir ya, su omnipresencia en la tanda del entretiempo mostrando lo fácil que es apostar pero ocultando los vicios, es alarmante.
La verdad que este Mundial no me dan ganas de mirarlo. Por todo lo expuesto y además porque el gobierno de uno de los países organizadores está agrediendo a medio mundo, ya sea con bombardeos, bloqueos o con ejecuciones extrajudiciales, tanto en el Mar Caribe como dentro de sus propias fronteras. No se puede creer que la FIFA le haya dado este Mundial a Estados Unidos, aunque si hacemos memoria luego de Argentina 1979, el Mundialito del '80 capaz que algún crédito hay que dar. Lo que no se puede creer es que se haya perdido las formas, antes había un relato que más o menos te engrupía y vos mirabas para el costado con tal de que te pasen el fútbol por la tele. "La pasión del hincha", otra moneda de cambio que mantiene aceitada la maquinaria.
Pero bueno, son unas reflexiones a vuelo de pájaro (o de águila calva). En una de esas me entusiasmo y encaro a ver el Mundial, porque ya me he resignado a que el fútbol que nos gustaba no va a volver.
Habrá que adaptarse a jugar con la pelota manchada.

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