jueves, 20 de septiembre de 2018

Salada la canchita: La mesa está servida

Cuando tenía una edad adecuada como para no distinguir bien la ficción de la realidad, protesté asombrado al ver en una película emitida en televisión a un actor a quien yo había visto hace poco morir en otra (o un capítulo de lo que entonces se llamaban seriales) y no podía entender cómo era que volvía a verlo respirando tranquilamente. 

Desde los tiempos del discutido en su identidad Shakespeare, en que una obra de teatro era más parecido a una maratón de serie actual y los -populares- espectadores entraban y salían de la platea mirando un rato y participando con comentarios en voz alta, es que los humanos participamos más o menos concientemente en lo que se llama "suspensión de la credulidad".


¿En qué consiste esto?.  En que pagamos la entrada para ver a "La monja" y nos desgraciamos cuando el cura mal afeitado cae encerrado en una tumba y un bicho repelente lo empieza a arañar, a pesar de que deberíamos saber bien que estamos en una sala de cine y nadie va a poner en peligro nuestra vida ni se va a levantar ningún demonio desde la butaca de atrás para picarnos como salamín. 

...y yo que fui a colegio de monjas.
Pero nos olvidamos de ese detalle no menor y nos dejamos envolver por la emoción del relato, ya sea cómico, dramático, terrorífico o adrenalínico. No "nos damos cuenta" que estamos viendo a actores profesionales recreando una situación ficticia y que ese petizo intrépido colgado de una montaña no es un agente secreto del gobierno sinio Tom Cruise haciendo de.

Todos estos pensamientos tuvieron como disparador la visión de "The disaster artist", el film reciente dirigido y protagonizado por James Franco, aquí conocido como "Obra maestra", que significaría exactamente lo contrario del título original. En esta película Franco interpreta a Tommy Wiseau, un señor real muy excéntrico que, sin tener la menor formación para ello, realizó un largometraje -titulado "The room"- con tan malos resultados que terminó transformándose en una película de culto después de haber provocado carcajadas de humor involuntario.
Loco inepto y actor que hace de Loco inepto

Como es usual en las películas actuales que tratan sobre hechos reales, al final de "Obra maestra" se muestran fotos y videos del verdadero Wiseau y hasta escenas de la propia "The room" y uno puede comprobar lo que ha venido sospechando. Si bien la actuación de Franco como el sujeto lunar que hizo un film horrible es sincera y uno la tildaría inmediatamente de "esforzada", unos pocos segundos del Wiseau original nos demuestran que es mucho más bizarro y carismático (y loco) que el personaje que nos deja Franco. Al que me parece que no le da la nafta para ser Wiseau.

Lo que nos lleva a la pregunta que quiero plantear aquí: ¿Cuándo realmente una actuación es buena?. ¿Cuándo un actor sobreactúa, se queda corto o inexpresivo y cuándo da el tono justo?. Viendo "Obra maestra" muchos podrían creer que la actuación de Franco es notable y nos recrea adecuadamente a un personaje insólito pero cuando el propio freak aparece nos damos cuenta que estuvimos viendo otra cosa.

El irlandés
En 2019 se estrenaría la última de Scorsese, "El irlandés" con Al Pacino, Robert DeNiro, Harvey Keitel y Joe Pesci. Los cinéfilos, esperamos ansiosos. Cuando finalmente veamos el film, no podremos confundirnos y sabremos que estamos viendo a Pacino caracterizado y no al verdadero Jimmy Hoffa y que DeNiro no es un asesino a sueldo sino un actor consagrado que en sus ratos libres putea a Trump. Pero si Scorsese anda inspirado, probablemente nos emocionemos con esa historia de gangsters, sindicalistas corruptos y asesinos violentos, dejándonos llevar por el relato. En eso consiste la suspensión de la credulidad: sabemos bien que estamos viendo una mentira pero nos dejamos mentir y hacemos como que nos olvidamos de que es una película. Por cierto, cuando vi mafiosos verdaderos en New York, me cagué hasta las patas y hui precipitadamente.

Si un actor tiene que hacer de cirujano, pongamos por caso, nadie va a pretender que el pobre tipo estudie siete años en la Facultad correspondiente y se reciba de médico para luego especializarse. Ese actor no va a operar a nadie realmente -por motivos legales esperemos que no- pero debería parecer un médico. La producción podrá contratar a un cirujano real que corrija el vocabulario correspondiente y le explique al intérprete cómo agarrar correctamente un bisturí y cosas así. Después habrá que ver si le creemos que es un médico o no. En otro tipo de papeles sería imprescindible tener un aspecto físico o de edad adecuado -un doctor puede ser cualquier tipo/a mayor de 25 años- aunque hay diversas opiniones al respecto.

Hemingway
Supongamos que me contrataran para hacer de Ernest Hemingway, por decir algo. Con un pequeño trabajo en mi pelo y mi bigote, se me podría dar un aspecto bastante similar al escritor norteamericano. Pero la pregunta es, ¿sería yo capaz de reflejar algo de la psicología particular del hombre Hemingway y hacer que las palabras que pueda haber dicho el premio Nobel tengan sentido en ese tipo que lo sustituye 57 años después de su muerte?. Si bien casi nadie representaría a Hemingway de larga cabellera rubia o con maquillaje new romantic, hay quienes saben del asunto y objetan que no necesariamente lo más importante en una caracterización es el parecido físico con el modelo real.

Hace poco vi "Duelo de gigantes" -exacta traducción de "The Missouri breaks"- un western de 1975 caracterizado por el encuentro del aún joven y ascendente Jack Nicholson y el más consagrado Marlon Brando. El consenso crítico es unánime en menospreciar la sobreactuación de Brando, quien hace de un asesino a sueldo. El papel es de un tipo bastante excéntrico y solitario y, tal como estaba de moda por esos tiempos y un poco por éstos también, como buen villano le gusta filosofar y mucho sobre sus actos malignos. Si bien estoy muy dispuesto a suscribir la acusación de sobreactuación del gordo Brando, hay que ver cómo es posible hacer de un excéntrico asesino voluntariamente antisocial sin sobreactuar. Claro que conociendo a Marlon, es difícil no creer que muchas excentricidades de su personaje las impuso él, que era bastante insoportable.

Dustin Hoffman y Laurence Olivier
En fin, algunos creen que una buena actuación es aquella que nos hace creer que es cierto lo que sabemos que es mentira. O sea, hacemos de cuenta que ese actor que agarró el bisturí es un cirujano con cientos de intervenciones quirúrgicas en su haber. Otros dicen que es aquel que le agrega algún elemento adicional al mero hecho de repetir las frases que le tocan en el libreto. En todo caso, si queremos ver malas actuaciones -o mejor dicho, malas direcciones de actores y/o malos libretos- no tenemos más que ver ciertos productos de ficción televisivos como muchas telenovelas argentinas, donde si un actor tiene que hacer de malo, pone cara de malo, habla como malo y ríe malvadamente sin dejar de mirar a la cámara y decir: -¡Qué malvado que soy!.

Es todo muy opinable, cierto. Cuando coincidieron en "Maratón de la muerte" (1976, dirigida por John Schlesinger), aquella que transcurría en las selvas uruguayas, Dustin Hoffman y Laurence Olivier hablaban sobre métodos de actuación y Hoffman decía que para hacer de un ciego, tenía que concentrarse hasta el momento de no ver realmente y estar en el estado en que se suponía que estaba su personaje. Olivier le habría contestado: "¿Nunca probó con actuar?". 

Otra anécdota citada frecuentemente. A Victor Mature, robusto y musculoso actor un poco carente de carisma y también de versatilidad interpretativa, le dijeron en un hotel en Berlin que ahí no aceptaban hospedar a actores luego que Gina Lollobrigida les meó largamente su alfombra una noche de ebriedad. Mature volvió con una valija cargada de recortes de prensa donde críticos de todo el mundo coincidían en afirmar que él era cualquier cosa menos un actor. Naturalmente, lo hospedaron.  

Salada la canchita, una columna incapaz de decir dos palabras seguidas en un escenario, hoy te trae una película completa, todita subtitulada en nuestro idioma, cosa que hacía demasiado tiempo que no hacíamos. En este caso subimos Kids (1995), el debut de Larry Clark, con el libreto de Harmony Korine y la producción de Gus Van Sant. Inédita en Uruguay, provocó escándalos varios por su visión cruda del sexo entre adolescentes, pero es una película independiente realmente valiosa. "Vírgenes, las amo".


LA PROPAGANDA PEYONA DEL MES
- Renault - Tiene ya su tiempo, pero siempre es conveniente guardar para cuando no hay. En este reclame, el dueño del formidable auto -o eso nos quieren hacer creer- se baja del mismo asombrado cuando ve a una hermosa sirena, un poco demasiado adolescente y juvenil para él, pero quién no tiene algún esqueleto con menos años en el armario. Lo cierto es que se mete en el agua con su ropa cara y todo para encontrarse con que la jovenzuela mitad pescado se llevó el auto. Como mensaje es un poco pelotudo, pero lo que me llama la atención es ver a la primera sirena de la que tenga noticia que bucea con corpiño. Si bien acepto que no es conveniente mostrar un par de tetas al natural en una publicidad en estos tiempos, convengamos que los seres mitológicos no aprovechan las rebajas de Si Si. Cualquiera que haya filmado aunque sea un cumpleaños de 15, sabe que hay cien maneras de filmar esa escena sin mostrar realmente las dos protuberancias mamarias. 

Y.E.T.P.A.P.
+ BURT REYNOLDS- Burton Leon Reynolds nunca fue un gran actor, sino más bien de esos tipos de buen ver -como dirían los españoles- y con una presencia simpática que hacía olvidar el hecho de que siempre hacían simplemente de ellos mismos.

Sex simbol en los 70, en realidad nunca tuvo un éxito arrollador. Más bien protagonizó películas de acción y algunas comedias no demasiado memorables. Su mayor éxito crítico fue con "La violencia está en nosotros" (1972) de John Boorman y lentamente su estrella se fue apagando, aunque con dignidad. Tuvo un fugaz renacer con la inteligente "Boogie nights" (1997, Paul Thomas Anderson) haciendo de productor pornográfico y antes dio lástima en la horrible "Striptease", tan escandalosa como Demi Moore mostrando las siliconas.

7 comentarios:

Diego Floyd dijo...

Monumento a Fagalde en la explanada YA!

Alvaro Fagalde dijo...

Gracias, Floyd. Si es posible, cerca de la pizzería El subte y la heladería La cigale.

tasso dijo...

Se habría iniciado la colecta popular de bronce para la estatua de Fagalde

Dollo dijo...

A juntar bronce entonces.
Buscamos un lugar, cerca de la mesa de ajedrez.
Gracias Faga.

Alvaro Fagalde dijo...

Haganme un poco menos gordo y se ahorran unos mangos.

Danzón dijo...

Faga, el concepto en realidad sería "suspensión de la INcredulidad". Es decir, dejar en suspenso la condición racional que nos hace descreer de actos que no parecen regidos por aquella (por ejemplo, te tirás de palomita y zafás sin un rasguño de una explosión nuclear que ocurre a tus espaldas). Muy buena la colugna.

Alvaro Fagalde dijo...

Y yo por qué puse ·de la credulidad"?