viernes, 22 de abril de 2016

Salada la canchita: Embutido infantil 2, el regreso

Durante décadas la crítica especializada diferenciaba un poquitín de más a las películas "de género" o "comerciales" de las "serias". Recién en la década de los 60 -acá en el Uruguay, bien entrados los 80, sabido es que hasta el fin del mundo va a llegar mucho más tarde al paisito- algunos comenzaron a notar que a veces un buen policial o un buen western no sólo estaban bien contados, correctamente editados y con una hermosa fotografía, sino que también tenían mucho más "mensaje" que tanto largometraje pretencioso, hueco, "festivalero", hecho por un "gran" director.


La llamada "teoría del autor" francesa apuntaba -aunque con muchos matices- en esa dirección. En realidad, su propósito era atacar determinada producción en aquel país bastante demodé, adaptando grandes novelones, con esmeros de libreto y actuación pero dejando irremediablemente afuera criterios más modernos de narración cinematográfica y, fundamentalmente, con un ojo bastante veterano para ver al mundo.

"A la hora señalada", excelente western
Contra ésto, los jóvenes rebeldes escribían defendiendo -muchísimas veces con un extremismo opuesto- el cine convencional de género norteamericano. Si conocemos la particular relación amor-odio que los franceses tienen con la cultura norteamericana, con una pie puesto en ser la vanguardia del arte europeo, comprenderemos lo terrible de esa herejía.

La mencionada teoría postulaba que determinados directores tenían un concepto correcto del cine y todas sus películas eran buenas. Hasta las peores. Por el contrario, otros estaban equivocados -casi siempre eran franceses- y ni la mejor de sus obras se salvaban. Obviamente, puestos en esa posición iban a cometer -y lo hicieron- muchísimas injusticias y defenestraron al barrer mucho cine valioso y reinvindicaron mucha cosa que no merecía tanta atención.

Lo más importante que dejaron afuera los teóricos del autor es que el cine es un
"Los Angeles al desnudo", un policial con contenido
arte colectivo donde el director es sólo una pieza del resultado final. Mucho más en Hollywood, una industria donde productores y estrellas suelen tener bastante más importancia en las decisiones por no decir que muchos de los ídolos de estos críticos solían trabajar -como empleados de los estudios que eran- en las películas que les ordenaban dirigir, sin muchas posibilidades de meter mano en el resultado final.


Hoy en día,la clasificación en géneros es más férrea que nunca, separando los films en la porción de mercado que se quiera atraer y acercándose mucho a la "fábrica de chorizos" a la que se aludía en la columna anterior de esta serie. 

John Carter, un fracaso económico de aquellos
La estandarización de la producción actual hollywoodense es extraña, los ejecutivos que toman las decisiones tienen cada vez más miedo a arriesgarse, pese a que como nunca en la historia del cine las ganancias están aseguradas. Con un poco de prudencia, cada dólar invertido vuelve aumentado ya que la exhibición en salas es solamente una de las bocas de salida de la producción. Sucede que los estudios están embarcados en una carrera estúpida por salir primeros en el ranking de estrenos exitosos de este fin de semana en las salas de U.S.A. y Canadá, como si salir quintos en la columna de recaudación diera pérdidas y los dólares que se reciben desde los exhibidores de todos los continentes fueran menos valiosos que los recibidos en casa.

En la próxima entrega, en dos semanas, analizaremos estrictamente el estado actual de los diferentes géneros en el Hollywood del siglo XXI. Eso, si el wachap no se termina de comer definitivamente al blog. Por las dudas, entren a algún grupo.

JUNÁ QUE ESCENA, GIL
"Il sorpasso", 1962, el especialista en comedias Dino Risi en la dirección. Jean-Louis Trintignat es un muchacho tímido y Vittorio Gassman no, claro. En una fiesta el tano comienza a apretarse desvergonzadamente a la mujer de un tipo que estaba en la vuelta, la que de repente exclama: -Oh, la lá.

El Vittorio de la gente contesta (como sólo él sabía hacerlo): -Modestamente...

    

9 comentarios:

Dollo dijo...

Grande Faga!
Si Kesman es Kesman,
Vittorio e' Vittorio.

mike yanagita dijo...

Uno que se opuso a esa teoría desaforada de los "enfant terribles" fue Homero Alsina Thevenet.
Vale el reconocimiento ya que le hubiese sido más "cómodo" subirse a la "nueva ola", como hicieron tantos "inteligentuales" sudacas...
¡Acá todavía se sigue hablando del Mayo Francés y los tipos se habían olvidado a las dos semanas!

Ah! la coluna: espetacular, como siempre!

Alvaro Fagalde dijo...

Es muy cierto lo de HTA. Se opuso y con muchos argumentos.

Gracias por los elogios recibidos.

ilich nin dijo...

Faga solo una palabrita para tu columna:

Oh la la!

Como me calientan las tanas de esa época. Y se ve que el Vittorio tenia flor de Sorpasso

ilich nin dijo...

No me convence mucho esta frase:

"...que el cine es un arte colectivo donde el director es sólo una pieza del resultado final."

Me parece mas aplicable al teatro que al cine, y la TV ni hablar donde para una misma serie se contratan diferentes directores para capítulos incluso dentro de la misma temporada.

Que grande lo tuyo Faga...
Oh la la!!!!

Alvaro Fagalde dijo...

Ilich: lo del director da para largo. En Hollywood muchas veces no tiene incidencia en el elenco ni en el libreto ni en otras muchas cosas. Simplemente, dirige el rodaje y elige los ángulos de cámara.

Puede rechazar alguna película que no lo convenza hacer pero a veces no lo hace porque hay que comer.

El problema es que los de la teoría del autor decían que un director como Henry King era un genio absoluto cuando era un empleado de los estudios que hacía -bien- las películas de acción que le encargaban. Por ejemplo.

tasso dijo...

Faaaga es Faaaga
En esto del ciiine
Faaga es Faaga
etc

Alvaro Fagalde dijo...

Gracias, Tasso.

Igual, la frase del Ilich tiene parte de razón. Quizás debería haber dicho: "muchas veces, el director es sólo una pieza...", dado que es claro que no pasa eso siempre.

ilich nin dijo...

Modestamente, Faga