domingo, 14 de septiembre de 2014

No lo amamos, nos cae simpático

Mientras en el mundo se habla del Mundial de básquetbol y el público apuesta a si Estados Unidos será o no el campeón, acá nos preparamos para el arranque de la duodécima edición de la Liga Uruguaya de Básquetbol, en la que trece equipos recorrerán Montevideo durante algunos meses hasta que por abril de 2015 se conozca el nombre del campeón. A continuación nos preguntaremos por qué el básquetbol, ese deporte tan completo y lindo de ver tanto en persona como por televisión, en Uruguay parece estar durmiendo la siesta.
Publicado en Brecha, 12/09/14

“Son todos derbis” comentó el entrenador español Mateo Rubio Díaz a poco de haber arribado a nuestro medio. Es que a cualquiera que se detiene a leer el nombre y ubicación de los equipos que disputan la Liga Uruguaya de Básquetbol le llamará la atención que todos pertenecen a Montevideo. Acaso las canchas más alejadas sean las de Olimpia y Malvín, que según la página de la Intendencia de Montevideo, se encuentran a 16.170 metros de distancia. Es decir, el básquetbol uruguayo entra en un círculo de 8 quilómetros de radio.

Al entrenador español, de fugaz pasaje por la dirección técnica de la selección mayor (no llegó a debutar oficialmente), le llamó la atención que todos los equipos tuvieran sede en una misma ciudad, que encima ni siquiera es una ciudad demasiado grande. Algo así había augurado Horacio “Tato” López, posiblemente el mejor jugador de la historia de nuestro baloncesto, cuando todavía se hablaba del auge de la Liga creada en 2003, y para entrar a una cancha era necesario ir un par de horas antes porque era tal la “fiebre naranja” que las entradas se agotaban frecuentemente, así se jugara contra Anastasia.

López advirtió que el proyecto de la Liga no era el ideal, y presagió que con el tiempo, superada la excitación inicial, se volvería al viejo estadio del languideciente Torneo Federal. Y dicho y hecho: culminada la onda expansiva del desembarco del básquetbol “grande” en plazas como Salto, Paysandú o Rocha, los equipos del interior comenzaron a centrarse en las ligas locales y regionales y abandonaron la liga profesional, obligando a los organizadores a buscar incomprensibles mecanismos para hacer competir a los equipos capitalinos contra los de tierra adentro, para salvaguardar en algo el honor de una liga que de uruguaya tiene cada vez menos.


Los motivos del estancamiento
Indudablemente en éste como en la mayoría de los aspectos de nuestro deporte, el elemento económico es fundamental. Con más dinero, los clubes podrían potenciar sus divisiones formativas y pagar mejores sueldos, como para permitir que los jugadores menos agraciados (los que no están “tocados con la varita” y cobran en pesos) pudieran dedicarse exclusivamente a hacer pasar la pelota por el aro.

Sin embargo, que el interés por el básquetbol haya decaído en los últimos años responde a factores múltiples. Parafraseando a Julio Ríos, no existe una “monocausa”.

Para empezar, el auge del fútbol (o mejor dicho, el auge de la selección) centralizó el interés de los hinchas uruguayos en el equipo de Tabárez. Allá por 2003, El País titulaba “El básquetbol uruguayo se nutre de desencantados con el fútbol”, en nota escrita por César Bianchi en la que se aportaban datos tales como que un partido Paysandú – Salto por la Liga Uruguaya de Básquetbol vendió más entradas que un Liverpool – Peñarol en Belvedere.

Pero desde el momento en que la Celeste volvió a clasificar a los Mundiales, ya no tuvimos tanto tiempo para dedicarle a nuestro básquetbol, ni a nuestro rugby, ni a nuestro automovilismo, ni a nuestro pádel, ni a ninguna de esas disciplinas en las que centramos nuestro interés cuando los centros de Recoba salían cortitos y al primer palo.

Tan es así es que mientras escribo estas líneas, España está quedando afuera del Mundial que se disputa en su tierra (como para confirmar que el 2014 no será un gran año mundialista para los del Rey Felipe) sin que el uruguayo promedio se haya enterado o preocupado en demasía. Es que solo quienes están afiliados a Direct TV han podido esta edición de un Mundial del que Uruguay no participa desde 1986. Sin embargo, no tenemos registro de oleadas de reclamos recibidas por los demás operadores de televisión para abonados, similares a las que sí recibirán cuando Suárez debute oficialmente con la azulgrana en el pecho y ante los merengues, y la mayoría no pueda verlo.

En línea con lo anterior, al hincha uruguayo, por naturaleza, le gusta ganar. Culpa de Nasazzi y Scarone, o de Artigas que le ganó a Posadas de contra con un doble cinco mentiroso, lo cierto es que nos gusta ganar. Por eso nos hacemos hinchas de Nacional y Peñarol, por eso nos acordamos de que la selección existía cuando le fue bien en el Mundial. Queremos ganar. Somos Doctores Etchandys camuflados bajo diversas apariencias, para quienes no hay otra opción que el triunfo.

Y el básquetbol mucho hizo por alimentar ese mito del Uruguay ganador, con sus dos bronces olímpicos y respetable cantidad de campeonatos sudamericanos, los últimos en plena debacle futbolística (1995 y 1997), cuando al básquetbol todavía jugarse con jugadores cuarentones con más muñeca que piernas.

Pero no pasaría mucho tiempo para que aceptáramos nuestro destino inapelable: pelear el tercer puesto con Venezuela. A menos que Brasil y Argentina decidan jugar con la reserva de la reserva, tenemos asumido que no podemos apelar más que a una derrota digna ante nuestros vecinos, y a pelear “de vos a tú” con los bolivarianos. Es que el básquetbol es un deporte en el que dos de las cosas que peor se les da a los uruguayos (correr y medir más de 2 metros) se tornan vitales, y la constante nacionalización de extranjeros que son determinantes para jugar ante Olivol pero que fuera de fronteras pasan desapercibidos, junto a los constantes problemas internos, no son suficientes para retomar la senda del triunfo, entendiéndose por tal, ganar un Sudamericano o clasificar a un Mundial o Juego Olímpico.

De esto se sale trabajando

El panorama no parece muy alentador, sobre todo si tenemos en cuenta que las máximas figuras de nuestro básquetbol o tienen más de 30 años (Mazzarino, Batista, Osimani, García Morales, Aguiar), o rara vez vienen a defender a la selección (Granger). Sin embargo, lo poco que pudo verse del entrenador argentino Adrián Capelli en el reciente Sudamericano, abrió cierta expectativa de mejoría, cuando menos en el relacionamiento entre jugadores, técnicos y dirigentes. El recordado “no compro la idea” de Leandro García Morales con relación al técnico Pablo López, así como los problemas del presidente Ney con Batista, entre otros desbarajustes, deberán quedar atrás si realmente aspiramos a mejorar.

La construcción del Antel Arena se muestra como una posibilidad de revitalizar a nuestro segundo deporte más popular, y evitar los clásicos comentarios negativos que rodean a todos los campeonatos que se desarrollan en el Palacio Peñarol o en el desaparecido Cilindro, derribado por la rosca “Tupacomunista”, según la muchachada de la audición “Controversia” de CX10.

Nuestro básquetbol se merece contar con un estadio moderno que nos permita volver a organizar algún torneo importante, y a asegurarle comodidades al espectador y a los jugadores que en otros lares parecen básicas, tales como una pantalla para ver el replay o hasta aire acondicionado.

Quizás el protagonista del polémico spot del IR nos pueda aportar su testimonio futurista para que podamos saber realmente qué ocurrirá con el Antel Arena. A lo mejor devendrá en sede de la Iglesia Evangélica, y el básquetbol deba seguir esperando para tener un escenario digno


(Recuadro)
Cosas que quizás no sabías sobre la Liga Uruguaya de Básquetbol
Malvín es el equipo que más Ligas ha ganado (3). Lo siguen Biguá y Defensor Sporting con 2. Salto Uruguay, Trouville, Hebraica Macabi y Aguada ganaron 1.

Defensor Sporting y Trouville son los únicos equipos que han participado de todas las ediciones.

Solo 8 equipos han jugado la final de la Liga. A los siete que consiguieron ganarla al menos una vez, se suma Paysandú, que jugó dos y las perdió (una de ellas –la primera– de forma reñida con la moral y las buenas costumbres).

Malvín y Defensor Sporting son quienes han disputado mayor cantidad de finales (5), con saldo de 3-2 y 2-3 respectivamente. De las once finales disputadas, solo en 3 no dijo presente al menos uno de los dos.

8 comentarios:

Paul Vareda dijo...

Ce lente columna Míster Director...preferí leerla varias veces antes de seguir observando como nos comimos la comida con el "iunaited".

Notable la actuación de nuestro portero, el popular "Roberto Verde"..con una performance de lo mas cachorroburianesca.

Nacho dijo...

Muy bueno, Andrés. Por suerte ahora vuelve Urunday al círculo de privilegio y se acaba la pavada.

Mauro M. dijo...

Bien Reyes, bien vos.

Lo mejor de la columna?
Esa foto de Pierri con el gran (?) Javier Bonda de fondo.

Mauro M. dijo...

Recuerden que a las 16 de juega la final del mundial de basquet, EEUU ante Serbia.

Mauro M. dijo...

Y yo como buen idiota me voy a mojar al Troccoli para ver el debut de Juan Pablo Caffa con la de Defensor.

Unknown dijo...

No hay que buscarle 5 patas al gato.
El interior no existe mas que para robar patentes de Montevideo y acomodar a los amigos en la intendencia correspondiente.

Santiago dijo...

La solución esta en "captar" los genes que traen los extranjeros de mas de 2 m para jugar ante Olivol.
Así que, el mensaje a las mujeres Orientales que quieren el bien para el baloncesto nacional es:
¡A coger esos genes!
De este modo, de aquí a 20 años vamos a tener un plantel completo de "Grengers".
Gracias. De nada.

Santiago dijo...

Un saludo para el Caballo Lambert que debe estar muy contento por el ascenso.