lunes, 24 de febrero de 2014

La delgada línea roja

Días atrás, la polémica volvió a rozar a los árbitros uruguayos, luego de que el futbolista de Liverpool Javier Ernesto Chevantón fuera expulsado a instancias de un asistente, al que le dijo algo que para algunos es un insulto, para otros una falta de respeto y para otros apenas una frase propia del argot del balompié, de esas que se escuchan normalmente en nuestras desparejas canchas. La anécdota nos invita a indagar en la siempre problemática relación entre hombres de negro y hombres de número en la espalda.

Publicado en Brecha, 21-02-14.

Para quienes se limitaron a ver el resumen de goles de la tercera fecha del Campeonato Clausura, vale relatar la jugada: el pasado sábado, cuando se jugaban apenas 8 minutos del encuentro Danubio - Liverpool en Jardines del Hipódromo, el árbitro Christian Ferreyra expulsó del campo a Chevantón a instancias del árbitro asistente Carlos Changala, quien denunció un insulto del ex centrodelantero de Lecce.

El experimentado ariete se encargó de aclarar vía twitter y ante cuanto micrófono se le puso por delante que lo que dijo fue "no jodas, no rompás los huevos", luego de que Changala "marcara" (recordemos que los líneas señalan o marcan pero no sancionan) un presunto empujón del futbolista[i].

Si bien la frase podría traducirse simplemente como "no seas malo", también es cierto que el colegiado tiene derecho a haberse sentido ofendido o violentado por dichas palabras. Convengamos en que uno no le dice "no jodas, no rompás los huevos" al jefe de la corporación en la que trabaja, ni al agente del orden que le acaba de pedir documentos, ni al inspector de tránsito que le está tomando el examen de conducir.


El problema -creo yo- radica en que la relación vertical que se da entre empleado y jefe, entre estudiante y docente, y entre civil y policía, se diluye dentro de la cancha de fútbol. Muchos árbitros han desarrollado un vínculo cuasi horizontal con los futbolistas, al extremo de que no son pocos los casos de hombres de negro que intercambian sonrisas, caricias e insultos con los jugadores (preferentemente con los más veteranos) sin que nadie ponga el grito en el cielo.

Del mismo modo que nos llama la atención que una misma patada pueda merecer una roja, una amarilla o un "siga siga" dependiendo del árbitro y hasta del contexto, deberíamos poner atención en estudiar cuándo la mención de la palabra "huevos" es digna de expulsión y cuándo no lo es tanto.

El frío reglamento

La página 40 de las Reglas de Juego de la FIFA 2013/2014 establece que, entre las infracciones sancionables con una expulsión, figura el "emplear lenguaje ofensivo, grosero u obsceno y/o gestos de la misma naturaleza". Amparado en esta norma, Changala podrá aducir que términos "jodas" o "huevos" son de clara naturaleza grosera, y nadie podrá reclamarle gran cosa. Seguramente Changala creció en una sociedad donde si uno decía "jodas" en el aula escolar, era enviado a la dirección.

Claro que, hecha le ley, hecha la trampa. La regla parece apuntar más a la forma que al contenido, más a la naturaleza de las palabras que a su significado. De esta forma, de haber dicho "¡pero qué contrariedad! Me cuesta creer que haya visto empujón de mi parte en esta incidencia", probablemente Chevantón no hubiera sido denunciado. Porque el reglamento habla de "lenguaje ofensivo" y no de "intención manifiesta de ofender".

Técnicamente, los árbitros no tendrían elementos para sancionar al futbolista que se dirigiera de las siguientes maneras:

·         "Cúmpleme informar que eso no fue infracción, señor. Aprovecho la oportunidad para recordarle que sabido es que vuestra madre dicta cátedra en la práctica del meretricio".

·         "¿Le parece que era yo merecedor de tarjeta amarilla, habida cuenta de que es el primer puntapié que propino, señor avezado en la práctica del sexo oral indiscriminado?"

·         "Le cuento que fue clara posición adelantada, no sin antes evocar la figura del órgano reproductor de su hermana"[ii].

Incluso el futbolista podría apoyarse en el reglamento para decir cosas más fuertes que un mero insulto. Por ejemplo, sugerir la deshonestidad del colegiado de turno:

·         "Discúlpeme el atrevimiento, señor. Pero esta decisión suya no hace más que confirmar mi sensación respecto a que usted es una persona deshonesta y servil a los intereses económicos que rigen el fútbol oriental".

·         "¿No le parece que con su habitual tendencia a favorecer a los equipos grandes no hace más que contribuir a eternizar las inequidades de nuestro balompié?".

·         "Presumo que habrá recibido usted una suma importante de dinero a cambio de este desempeño tan sensible a los intereses del equipo rival"[iii].

Muchos nos sentimos tentados con pedir el retorno de los árbitros de antaño, aquellos gorditos de bigote que no tuteaban ni se dejaban putear. Sin embargo, el hecho de que ante un mismo hecho (una patada, un insulto, tocar le pelota con la mano) sigan surgiendo diferentes lecturas, permite que el fútbol siga siendo más emocionante y popular que otros deportes donde siempre que la pelota pica afuera es out.

De momento, los futbolistas deberán entender que el precio de esa mayor horizontalidad en el vínculo con los árbitros, es el tropezar dos por tres con hombres de pito o banderín que se salgan del libreto del siglo XXI y se horroricen ante ciertas expresiones que pueden sonar naturales y corrientes para la mayoría. Quizás la sociedad esté reclamando mano dura cual Guapo Larrañaga, y se vengan tiempos en los que cualquier protesta será merecedora de amonestación.

Iván Alonso debería aprovechar pues sus próximas protestas podrían ser las últimas.



[i] Otras hipótesis señalan que utilizó el término "pelotas" en lugar de "huevos", dato no menor, por tratarse el fútbol de un deporte donde la pelota tiene un rol fundamental. Vale acotar que la imposibilidad de contar con el testimonio del árbitro, nos obliga a tomar por válidas las manifestaciones del futbolista, que llegó al extremo de apelar al juramento maradoniano: "juro por mis hijas que no lo insulté", afirmó.
[ii] La traducción sería "no fue fau, hijo de p.", "es la primera que doy, ch." y "fue orsai, la c. de tu hermana", respectivamente.
[iii] En este caso, se traduce así: "ladrón", "siempre favoreciendo a los grandes, eh" y "¿cuánto te pagaron?", respectivamente.

13 comentarios:

Andryi Dovnlov dijo...

Changala, dejate de joder, con ese apellido andá a quejarte con Dios primero. Aprendé a recibir insultos como un hombre, maricón.

nanodelchuy dijo...

Los jueces uruguayos, siempre favorecen al X

nanodelchuy dijo...

Ivan Alonso, me gustaría saber si al peluquero le protestas tanto, puto

Am I Evil? dijo...

Y que un juez haya confundido a Chevagol con el Tito Ferro no es considerado una falta de respeto?

Cómo sigue uno con su vida después de eso?

Andrés Reyes dijo...

No sé... violencia es hambre, corrupción, y tu hermana en tanga.

Lucho dijo...

A mi me sacaron una vez me sacaron una amarilla por gritar "vamo a meter huevo"...ta, era fútbol infantil

Diego Floyd dijo...

El "a mi me sacaron una vez me sacaron..." de Lucho viene a tono capicuístico con el "Si bien la frase bien podría..." de nuestro amado Sr. Director?
Qué curioso, no?

Lucho dijo...

O vos tas muy elevado o yo muy limado floyd, o seguramente las 2 cosas, pero no entendí un joraca

Sebastián dijo...

Contundente lo de Andryi. En cuanto al Cheva...Chevita querido...aprendé a hablar sin ofender, caracagada!

Santiago dijo...

¿Es mucho pedir que tengan un criterio más o menos parejo?
No puede ser que en un partido te toque un tipo que te arbitre tipo fútbol ingles y al otro fin de semana te toque un Castrilli que no te deja pasar un rose.

Andrés Reyes dijo...

Sí, creo que es mucho pedir.

Andrés Reyes dijo...

Sí, creo que es mucho pedir.

Andrés Reyes dijo...

Y lo digo y lo reitero.