miércoles, 4 de diciembre de 2013

Salada la canchita: Ah malaya, qué director

En mi humilde opinión, la mayor parte del cine interesante en los últimos 20 años se ha producido en el Sudeste asiático, o en la Asia amarilla, si se me permite la tan inexacta como ilustrativa expresión. Japoneses como el intenso Hirokazu Kore-eda o el insólito Takashi Miike; chinos como el crítico Jia Zhang-ke; coreanos como el siempre interesante Kim Ki-duk o el violento Park Chan-wook o hongkonguenses como el lírico Wong Kar-Wai son sólo algunos de los nombres exóticos para nuestra herencia hispana pero largamente conocidos en el circuito de festivales internacionales donde sus últimas obras son esperadas con fervor.


De entre todos ellos se destaca con brillo propio el malayo Tsai Ming-liang, largamente radicado en la industria taiwanesa donde ha realizado sus más geniales películas. Últimamente se ha traspasado a Francia pero parece evidenciar cierto agotamiento e indecisión. Sin embargo, y en la espera que vuelva a levantar cabeza, nos quedan sus notables "Viva el amor" (1994); "El río" (1997) y "El sabor de la sandía" (2005), obras maestras por donde se las mire.

Medio con pinta de amanerado -pero no vamos a ser justamente en este blog donde lo rechacemos- Tsai es un director con un estilo único que fue progresando hasta su culminación y (como ya lo dijimos antes, no sé para qué lo estamos repitiendo) hasta llegar a un callejón sin salida donde sólo cabe la repetición. Austero, eminentemente visual, fue prescindiendo film tras film cada vez más de los diálogos y de los movimientos de cámara. En el último de sus films asiáticos "I don't want to sleep alone" producido por los taiwaneses pero filmado en su país natal, el protagonista -encarnado por Lee Kang-shen, una especie de Darío Rodríguez en amarillo, que actúa en todos sus largometrajes- directamente no dice una palabra.

En "El sabor de la sandía" -también llamada "La nube errante", qué necesidad- directamente no hay ningún movimiento de cámaras y cada toma comienza con un emplazamiento diferente, algunos francamente delirantes. El Tsai de la gente es melancólico, cruel, trágico pero sus personajes no hablan sobre ello, están francamente incomunicados. En "Viva el amor", simplemente son tres jóvenes que usurpan un apartamento pero casi nunca se encuentran. Dueño de un sentido del humor muy extraño, a partir de El agujero (1998), la película que traemos hoy aquí, subtitulada al inglés, comienza a intercalar también números musicales que comentan, un poco absurdamente, la acción.

Una de sus manías más particulares es que en todas sus películas el agua es un problema, ya sea por abundancia o por escasez. Sin embargo, sus protagonistas suelen arreglárselas sin quejarse (y sin comunicarse, claro está). En 2009 realizó "Visage" en Francia con Fanny Ardant, Jeanne Moureau y su admirado Jean Pierre Leaud ( y Darío Rodríguez, por supuesto) pero fue su peor film, donde Tsai no pareció sentirse a gusto, lejos de su formidable inventiva visual acostumbrada. Acaba de terminar "Jiao you", volviendo a Taiwan y dicen que bastante recuperado.
      

El agujero

Lamentablemente, Google andaba ovárica estos días y Salada la canchita no la pudo subir como mandan los cánones pero queda ahí el link a Youtube correspondiente. Por acá abajo, también les dejo, por el mismo precio, un acceso a una entrada de mi blog particular de hace unos 5 años, donde se analiza la carrera de Tsai Ming-liang, por si alguno quiere profundizar en este malayo, que para mí sigue siendo uno de los más grandes cineastas del presente.

Entrada en mi blog

7 comentarios:

vic silk dijo...

porfiiiiiiin! Vamos al cine Faga!

Alvaro Fagalde dijo...

Vamos, para mí la canchita salada. Por la diabetes.

Fito García dijo...

Guarda con las hipoglicemias, garan columna, no conozco al asiatico principal, pero si a un par de los otros, old boy, i saw the devil por un lado y con animo de amar y 2046 por el otro son peliculones

Alvaro Fagalde dijo...

Pa mi la mejor es "Burton II, el regreso"

Vesubio dijo...

yo la vi a esta película, la de las sandías. es de un bizarrismo con B mayúscula. se la pasan haciendo la chanchada y entre medio encajan un musical con bailarines y cosas. para ver drogado.

Alvaro Fagalde dijo...

Para mí la de las sandías es su obra maestra. No es sólo sexo, pero yo soy tsaimilanguista, mi opinión no es objetiva.

Alvaro Fagalde dijo...
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